Canción sin nombre es la primera película peruana en estrenarse en nuestro país directamente en la plataforma de streaming de Netflix, sin un pase previo por salas de cine. Ha sido además la carta nacional enviada para los premios Oscar. En el Festival de Cannes fue la primera película peruana dirigida por una mujer en ser seleccionada en su programa oficial.  The New York Times la ha descrito como “una  película hermosamente compuesta”. Mientras tanto ya ha sido estrenada en países como Francia, Gran Bretaña y Grecia. Lleva más de 40 premios internacionales hasta la fecha y se perfila como una de las películas más celebradas en la historia del cine nacional.

Conversamos con Melina León su directora, sobre el reciente estreno de su esperado film y claro, acorde con la coyuntura que nos ha tocado debido a la pandemia por el coronavirus, charlamos utilizando los medios digitales para realizar esta entrevista. 

Zoraida Rengifo: ¿Cómo te hace sentir esta situación tan particular de ser la pionera en estrenar directamente en Netflix?

Melina León: Es bonito ser pionera, además fui la primera mujer peruana que estuvo invitada a Cannes, entonces se están abriendo grandes caminos con la película. Pero claro, el sueño de nosotros no lo voy a negar, era llegar a las salas de cines. Nosotros queríamos estar en las salas  porque amamos los cines,  y sí, es verdad que es emocionante ser la primera película peruana que se estrena en Netflix, eso es lindo. 

Yo amo el cine, el espacio físico, esta especie de iglesia que muchos le dicen, iglesia del arte, una especie de lugar magnífico, no solo para disfrutar las películas en un lugar tecnológicamente apropiado, sino también, compartiendo con la gente, escuchando sus voces, sus silencios. Hay tipos de silencio que tiene la audiencia, a veces hay silencios largos, rotundos, silencio más breves, la gente hace un esfuerzo por romperlos, pasan tantas cosas. Las risas que acompañan las funciones, la espera de la película. Todas esas cosas las vamos a extrañar mucho. Del otro lado hay cosas maravillosas por supuesto, la idea de que vamos a llegar a mucha más gente que si fuera en cine, pero tampoco es un gran consuelo porque igual ya teníamos contrato con Netflix. Al ver que no se abrirán las salas aún decidimos  darles a ellos el estreno. 

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Melina León (directora) y Pamela Mendoza (actriz), presentando “Canción sin nombre” en el Festival Ceará, en Brasil el 2019.

Z: Ahora que mencionas el tema de los silencios, de las pausas, hay escenas en “Canción sin nombre” que rompen la narrativa realista que propones en casi todo el film. Como cuando se ven a los personajes en medio de la oscuridad, de la nada y en la precariedad. Entiendo que esa era la intención de esas escenas, ¿cómo las lograron?

M: Yo había conversado con Inti Briones [el director de fotografía] de la necesidad de hablar de esta pareja como personas que, no son fantasmas, pero que los hemos convertido en fantasmas, que se han invisibilizado, que son los olvidados, que son los marginalizados. No marginales, sino marginalizados. Entonces, buscamos ideas, de hecho Inti tenía unas ideas que nunca llegué a entender bien, que las íbamos a practicar en la selva, pero nunca las concretizamos. Ya tenía esa intención, estaba ese deseo de hablar de eso visualmente. Cuando nos dimos con esta escena que nos tocaba grabar, Inti me dice “pero no tenemos generador, no veo nada”. No se veía ni con los ojos, que suelen ver más. Y entonces dijimos: “bueno, no te preocupes, vamos a hacerlo”. Y lo que hizo Inti fue grabar la escena en tres cuadros por segundo, para ya llevar la cámara a su máximo esfuerzo de captar la luz. Evidentemente cuando grabas lento, con la imagen pasa lo contrario, se reproduce rapidito. Pero nos dijo: “después lo hacemos y le damos la velocidad que debe tener, pero va a tener como un efecto strobe”, que es como un andar de fantasma. Imagínate ante esa “pobreza” de los cineastas, apareció la pobreza de los protagonistas. Es una cosa muy bella, muy mágica a la vez.  

Z: ¿Por qué la necesidad de visibilizar situaciones que todavía se producen en personas que son invisibilizadas y olvidadas para la sociedad en su conjunto? ¿Por qué crees que es potente decir ahora este tipo de cosas?

M: Bueno, justamente, quizá para vivir en una sociedad más aspirable, menos abominable como la que vivimos, de tanto olvido e indiferencia, absurdo de que somos los andinos, o la gran mayoría los descendientes de indígenas, como queramos definirlo. Somos la gran mayoría de la población y no tenemos un espejo, no tenemos donde reflejarnos, no se cuentan nuestras historias. 

Entonces, este es mi pequeño aporte para darle vuelta a este absurdo, a mí me parece muy lógico contar nuestros granos. Imagínate, los estadounidenses nos cuentan todo el tiempo sus historias, nos cuentan cuando les están sucediendo, es bien gracioso, apenas están viviendo el conflicto ya lo están contando, ya se están viendo, y a pesar de todos los males que tiene la sociedad norteamericana, creo que esa es una de sus virtudes, todo el tiempo documentarse, verse y eso está bien para ellos. Creo que es saludable para ellos, lo que no es saludable para nosotros es verlos a ellos todo el tiempo, no vernos nosotros, no querernos, porque así no crece el conocimiento íntimo, emotivo entre nosotros. 

Z: ¿Por qué crees que tenemos ese problema como sociedad en poder mirarnos y en también generar lazos con nuestro pasado? 

M: Creo que son muchas cosas, en primer lugar nos han dicho que somos feos. Eso pasa, yo creo que hay que aceptar que somos bonitos, que tenemos mucha belleza y hay que mostrarla, eso en primer lugar, apreciar nuestra belleza. Partiendo de ahí, ese amor yo creo que de esa admiración, ese respeto entre nosotros, creo que vamos a poder llevar la dureza de la vida de las historias, pero entender que no solo es eso, no solo es el conflicto, no solo es el racismo, no solo es la injusticia, la pobreza; no solo es eso. Porque claro, ¿quién quiere ver eso todo el día? ¿quién quiere ver eso cuando uno va al cine para un escaparse y maravillarse también, para tener un momento de belleza? Entonces, si nosotros no somos bellos, ¿para qué vamos a ponernos en el cine? Pero es que sí somos bellos. Si partimos de ahí, pues podremos aguantar el otro lado. 

Z: ¿Qué tan complicado ha sido llevar este proyecto tocando justo los temas que estamos hablando?

M: Es un proceso tedioso que ha requerido muchos años, ha requerido años ganar en la DAFO para comenzar y la capacidad de establecer muchas alianzas. Es bien complicado sobre todo para una ópera prima, además de una mujer, pero se puede. Lo que es fundamental es la DAFO, a partir de ahí ya se abren muchas mejores posibilidades, para Ibermedia por ejemplo, que fue nuestro otro gran socio. Luego hicimos de todo, hicimos un crowdfunding por ejemplo en Kickstarter, que también nos ayudó muchísimo.

Luego, me valió mucho haber vivido en Estados Unidos porque ahí califico para una grant [una subvención]. En mi caso, tener un pie en Nueva York me dio la posibilidad de tener la Jerome Foundation. Luego con España tuvimos el apoyo de ICA, que es el equivalente al Ministerio de Cultura nuestro. Y luego de eso, nos ayudó mucho que cuando fuimos a Ventana Sur, tuvimos un muy buen acuerdo con una agencia de ventas, el dinero que ellos nos ofrecieron como adelanto, está sirviendo hasta ahora para pagar las cuotas de la película. Pero sí, es complicado, requiere la capacidad de establecer muchas alianzas. 

Z: ¿No sentiste en ningún momento que tocar las temáticas que tienes en la historia fuera un impedimento para lograr algún tipo de convenio o exhibición?

M: En el Perú, medio mundo nos cerró las puertas salvo honrosas excepciones como La Mula. Realmente varias otras personas y empresas tuvieron la oportunidad de apoyar un proyecto que además estaba muy encaminado, que tenía ya el apoyo de DAFO, tenía ya Ibermedia, tenía Jerome, todo lo que estoy mencionando, salvo la agente de ventas que vendría muy poco después. Pero claro, es que los agentes de poder no son agentes de cambio. Fíjate que hay excepciones y en eso siempre tendrá mi agradecimiento La Mula y Rolando Toledo. 

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Rodaje de “Canción sin nombre”, en septiembre del 2017.

Z: ¿Y la participación de La Mula en que se tradujo?

M: En dinero (ríe), en dinero. Hicieron una inversión, una buena inversión, no tan alta, pero una inversión importante, todas son importantes en este tipo de películas; y en apoyo logístico. La Mula se convirtió en nuestra casa, tengo mucho cariño para ellos, porque creo que dan un ejemplo de cómo una empresa puede apoyar con toda esta cuestión logística, oficinas, gente trabajando.

Ellos inician su apoyo al momento del rodaje, luego y hasta ahora son los encargados de las campañas de promoción. La vida de las películas es muy larga, si van bien por supuesto, sino ahí nomás quedan. Para una película hay que hacer campaña tras campaña y no se acaba nunca. Imagínate si un cineasta va a estar solo en eso, puede acabar enterrando su propia película. 

Z: ¿Cómo lograste profundizar en la perspectiva de Georgina y Pedro, los protagonistas de tu película y además contar la historia desde sus dos puntos de vista? 

M: Con los actores hubo mucho ensayo, sobre todo con los principales [Pamela Mendoza y Tommy Párraga]. Trabajamos imaginándonos otras escenas que no estén en la película. Luego hubo mucha amistad también, creo que se trató de eso toda la preproducción, construir una amistad, construir momentos para crear confianza y escucharnos, desde las cosas más pequeñas; dónde vivimos, quiénes son nuestros padres, cuáles son nuestras historias personales, cómo hemos llegado a donde estamos. Cada uno de nosotros llegó a contarlo y eso al final es lo mejor, porque cuando estás en un rodaje interviene mucha distracción, entonces haber establecido esa conexión nos ayudó muchísimo. También Bruno Odar vino a darnos algunas asesorías en los ensayos y fue muy bonito, le dio mucho aire a nuestro trabajo, nos dio técnicas, les dio confianza a los actores en su trabajo.

Z: ¿En qué momento se involucró Inti Briones, tu director de fotografía, con la película? Porque también asume parte de la producción. ¿Cómo fue el proceso con él?

M: Con Inti nos conocimos mucho tiempo atrás para filmar “El paraíso de Lili”, que fue mi corto con el cual me gradué de la Universidad de Columbia y nos conocimos a través de una amiga querida que fue la vestuarista de la película, Nene Herrera que fue una gran amiga mía y de Inti, quien en esa época ya era muy reconocido. Entonces lo llamó, le propuso y él fantásticamente aceptó, porque no tuvimos para pagarle nada, fue un golpe de suerte mío y generosidad suya. 

Z: ¿Cómo te inspiraste para la música de la película? ¿De dónde la seleccionaste?

M: El proceso de selección de la música fue consultado con los actores y con un supervisor musical maravilloso que tenemos, Daniel Ágreda y con un maestro muy virtuoso. El maestro no lo conseguí yo, en realidad lo consiguió Marco Moscoso, nuestro director de producción. Nuestro supervisor musical sí es un querido amigo mío y es quien lleva las redes además de la película. Luego sumamos algunas canciones que yo tenía pensadas, que se me ocurrieron a mí. Como siempre, es una creación colectiva para la banda sonora, y al centro de todo estuvo la creación original de la música que estuvo a cargo de Pauchi Sasaki . 

Z: ¿La última canción es una creación propia?

M: La última canción no, es una canción tradicional que nos la da este maestro que es profesor de música. Me fasciné con una canción de cuna que cantó una actriz que vino al casting, fue maravillosa, no quedó por diferentes razones para el papel de Georgina, pero yo me quedé fascinada por la canción. Ella la cantó en quechua de Ecuador, así que luego decidimos usar una canción de cuna similar pero en quechua ayacuchano.

Z: Viendo el éxito internacional que tiene tu película, ¿crees que el cine nacional tiene hoy un futuro distinto?

M: Yo pienso que sí, es más, ahora con la nueva ley los presupuestos van a aumentar, entonces eso nos pone en una situación muchísimo mejor. Quizá es una de pocas cosas en el Perú que van bien, son muy pocas pero no tenemos la intención de dejar que se nos escapen. Eso se debe al trabajo de la gente que está ahí [en DAFO], que está encaminando las cosas, está trabajando en varios niveles no solamente en el nivel de apoyar las películas, se está haciendo mucho trabajo de educación. Es fantástico, yo estuve en La Habana el año pasado, exactamente hace un año y allá conocí por lo menos a tres peruanos estudiando. Uno estaba en Sonido, otro en Dirección y otra chica en Producción, eran dos de Lima, y la productora era de Pucallpa. 

Yo sí creo que hay un futuro encaminado, ahora vamos a ver que también respondan las entidades privadas, que respondan los exhibidores, que abran las salas al cine del mundo, no solo nuestro cine. Bueno, nuestro cine para comenzar, pero al cine del mundo porque eso es educación, siento que nos tienen un poco ciegos. Menos mal vienen los festivales a reemplazar un poco, pero siempre son ventanas muy cortas, bien complicadas.

Z: Con respecto a eso, ¿qué expectativas tienes de la reacción, sobre todo del público peruano, con el estreno de Netflix?

M: Yo creo que la gente la va a apreciar, le va a gustar, habrá gente que la va a encontrar muy lenta seguramente, por esta costumbre de ver películas de Hollywood tan apuradas que te vuelven un poco ansioso por los cortes. Es una película de todas maneras diferente, que no busca ese tipo de estimulación de los nervios, pero habrá gente que comprenda eso, tenga paciencia y aprecie lo que hicimos, no en referencia al cine más masivo, estoy segura de que va a ser así. Y habrá gente que la va a odiar seguramente por esos motivos.

Z: ¿Han pensado en algunas otras formas de exhibición alternativa en estos momentos para quienes viven en zonas sin conexión?

M: Sí, teníamos esaa intención, el problema es que Netflix nos pone un contrato donde tenemos la posibilidad de hacer 21 proyecciones, eso es todo. En nuestro caso, son 21 proyecciones en todo el Perú, entonces es muy poco pero de todas maneras nadie puede negar que la llegada de Netflix es gigante y que la gente tiene sus formas de arreglárselas para ver la película. Ya te habrán contado, en Ayacucho por ejemplo, ahí hay salas para ver Netflix, donde la gente se junta y no es la forma individualista que tiene Netflix. En Ayacucho tienen su forma colectiva de hacer las cosas y eso me parece lindo. Nadie puede negar que es una plataforma que llega a millones de hogares y además que llega a Latinoamérica completamente, va a llegar a muchísima gente. 

Z: ¿Son este tipo de historias las que van a seguir motivando tu cine? ¿Cuáles son los siguientes proyectos que tienes en mente? 

M: Por ahora estoy buscando por otros lados, la película tiene un grado de oscuridad muy fuerte y estoy buscando hacer unas historias que tengan otros tonos. No creo que deje mi compromiso con hacer retratos honestos de la vida y lamentablemente, lo honesto viene de la mano con lo trágico, pero voy buscando por otras partes. La siguiente película que estamos pensando hacer la voy a producir con Rolando Toledo y queremos tener casi al mismo equipo con el que hemos trabajado en “Canción”, Pauchi, Inti, ojalá que pueda estar mi querido asistente de dirección Carlos Ormeño, y me gustaría mucho que esté también Blanca Martínez, que fue productora de arte. Hay varios sueños que se cumplieron en “Canción”, esperemos que en “San Blas” se cumplan otros que quedaron pendientes. Así se llama [mi nuevo proyecto], “San Blas”. 

Z: Ya tienes el nombre de la historia.

M: Sí, es una historia del Cusco, de una niña de 12 años de una familia de artesanos, ese es el mundo que queremos explorar. No lo comento mucho, no es algo que esté ya por filmarse, entonces mientras va naciendo hay que tener ciertos secretos. Eso sí, ya pasamos por un laboratorio, estuvimos en noviembre todo el mes metidos trabajando en BR Lab, un laboratorio que hacen en Sao Paulo, donde eligen unos cuantos proyectos de toda Iberoamérica para darles asesoría, apoyo y conexiones, informaciones. Entonces ya pasamos por eso, estoy un poquito más confiada de que pueda escribir prontito el guion, pero bueno, la historia ya la tengo.

Entrevista realizada el 14 de enero de 2021, por Zoraida Rengifo via Zoom.