Desde los primeros minutos del documental “Nosotros, los bárbaros” el director paceño Juan Alvarez-Durán plantea una interrogante: “Siempre me pregunté cómo sería hacer una película aymara”. A lo largo de todo el metraje, intenta aproximarse a responder la pregunta desde distintos ángulos.

El objetivo de este documental es desentrañar los misterios de la cultura aymara para una audiencia ajena a ese mundo: el de los hablantes de castellano y herederos de la cultura occidental. La película cuestiona las nociones de civilización y barbarie. ¿Son más bárbaros los pueblos indígenas que tienen una cultura milenaria? ¿Son más civilizados los colonizadores que vinieron de fuera e intentaron imponer otra lengua y otra cosmovisión?

En su abordaje del mundo aymara, Alvarez-Durán alterna entrevistas y testimonios con distintas puestas en escena, actuadas y teatrales. Su propuesta es mostrar distintos contrastes: lo real y lo representado, el documental y la ficción, el pasado y el presente, la naturaleza iluminada por el sol y los espacios cerrados con un escenario y luz artificial.

Entre los entrevistados figuran historiadores, lingüistas y miembros de la comunidad aymara. Por ejemplo, se nos narra que “en 1920 los aymaras éramos suplentes de los animales: explotados, odiados, golpeados con puños, mal vistos”. Es la evidencia de un rechazo que, un siglo después, sigue vigente en la sociedad boliviana.

Otro de los testimonios señala la posible desaparición de la cultura aymara y del mundo andino en general, pues se van perdiendo las costumbres y tradiciones, al mismo tiempo que las nuevas generaciones se rehúsan a hablar el aymara como sus padres y abuelos, prefiriendo el castellano. En ese sentido, este documental recuerda a aquella dolorosa escena de la película peruana “Wiñaypacha” de Oscar Catacora, en la cual los protagonistas se sienten olvidados por un hijo que se fue a la ciudad y que no quiere comunicarse en aymara con ellos.

En un momento de introspección, el equipo técnico conversa delante de cámaras sobre la propia realización de la película. Como uno de ellos afirma, este filme parte de la reflexión clásica de la problemática de Bolivia: el choque de dos culturas. Otro destaca que el mayor valor del documental está en no hablar en nombre de los aymaras, sino en querer construir algo en conjunto con ellos.

En cuanto a las escenas representadas por actores, tenemos por ejemplo a una modelo aymara posando para distintos fotógrafos que le dan indicaciones en inglés y se van acercando cada vez más, hasta acorralarla y asustarla. No es una metáfora nada sutil sobre ese choque cultural, pero sin duda deja en claro la declaración de principios del director.

También vemos actores que recitan monólogos, dictan clases de aymara o portan máscaras mientras algún texto literario aparece en pantalla. Además, estas representaciones intentan explicar algunos pensamientos de la cosmovisión aymara, para tratar de entender cómo conciben el mundo que nos rodea desde una mirada diferente.

Como aquel actor que en una escena de la película porta un marco de fotos y lo coloca sobre su rostro, “Nosotros, los bárbaros” enmarca a sus protagonistas en un retrato vivo de palabras e imágenes que representan a una parte del pueblo aymara, para reflexionar sobre su legado y todo lo que está en juego si desaparece su cultura.

Esta crítica forma parte de nuestra cobertura especial del 2° Festival de Cine Latinoamericano en Lenguas Originarias, que se realiza del 11 al 15 de marzo del 2021.