Un homenaje audiovisual a la unión familiar es esta excelente película. “Minari” (2020), de Lee Isaac Chung, queda resonando intensamente en nuestras emociones luego de su esperanzadora escena final. Es un poderoso testimonio fílmico del esfuerzo que realizan los Yi, una familia coreana, por salir adelante en las tierras agrícolas de Arkansas, en los Estados Unidos. Muestra con profundidad y naturalidad, los encuentros y desencuentros que ocurren en todas las familias.

La cinta recibió el Oscar a Mejor Actriz de Reparto gracias a la maravillosa y memorable interpretación de Youn Yuh-jung como la abuela. Ella recorre muchas de las emociones humanas con una maestría admirable. Resulta divertida, dramática, sabia, protectora e irreverente en diversos momentos del film. Por esa fantástica demostración actoral obtuvo también un BAFTA y un Independent Spirit Awards.

Sin embargo, pese a sus enormes méritos, el Oscar ha sido un poco injusto con este film: de seis nominaciones solamente le dio una estatuilla. Pudo haberse llevado los premios a Mejor Película, Mejor Director y Mejor Música Original (exquisito trabajo del compositor estadounidense Emile Mosseri) sin ningún problema. Asimismo, el reparto completo se desempeña con una convicción y calidad impresionantes. Si hubiera un premio en la Academia de Hollywood al mejor reparto, esta cinta se lo hubiera llevado en este 2021, de lejos.

Al respecto, Lee Isaac Chung nos muestra con mucha sensibilidad, un grupo familiar que mantiene siempre una actitud de dignidad y firmeza ante las adversidades. Incluso, cuando afrontan la permanente amenaza de quiebra económica al no producir ni vender lo esperado de la granja. Todo parece romperse, pero ellos vuelven a unirse (esto se aprecia claramente en el accidental incendio, cuando la pareja de esposos se ayuda mutuamente a escapar del fuego tras intentar salvar algo de la cosecha).

“Minari” exhibe las dificultades de los inmigrantes asiáticos para adaptarse económicamente a los Estados Unidos. Felizmente, la comunidad que los rodea les da la mano por momentos (en lo laboral y en el cuidado de los hijos) y les permiten integrarse a la iglesia de la zona. Steven Yeun (como Jacob) y Yeri Han (como Mónica) funcionan perfectamente como la joven pareja que trata de mantener vitales los lazos afectivos, aunque tengan expectativas diferentes sobre el futuro de la familia. Mientras que los niños Noel Kate Cho (como Anne) y Alan Kim (como David) son los hermanos que ayudan a sus padres cuando es necesario. Y Will Patton (como Paul, el amable ayudante de Jacob) transmite muy bien la actitud positiva y el misticismo que su rol requiere (y que los Yi realmente necesitan como apoyo, al invertir todos sus ahorros en la granja).

Hay muchas escenas de potente emotividad en la cinta, pero quizás una de las mejores sea la de la abuela que calma a su pequeño nieto David cuando él no puede dormir y le confiesa que tiene miedo de morir. La abuela (con quien el niño no se llevaba bien al inicio y hasta afirmaba que ella no era “una abuela de verdad”) le dice palabras tranquilizadoras, lo abraza y le hace dormir mientras le canta dulcemente. Hermosa escena.

El director de este notable largometraje ha manifestado en alguna entrevista que, al filmar, sintió por momentos estar presenciando momentos mágicos. Lo mismo sentimos los espectadores que hemos tenido la fortuna de disfrutar esta motivadora historia (cualquier familia inmigrante puede sentirse identificada con los esfuerzos de los Yim para progresar). Esperamos, con mucha expectativa, su próximo film.