President (2021) merece ser mencionada a posteridad entre las mejores películas sobre campañas políticas, junto a películas como The War Room (1993) o Primary Colors (1998). El documental de la danesa Camilla Nielsson tiene un arranque épico. Ante la presión ciudadana, un dictador deja su cargo luego de 30 años. Se convoca a próximas elecciones. El líder del partido opositor será el claro ganador y la esperanza de todo un país. Zimbabue por fin observará un cambio. Pero… Ni si quiera han pasado diez minutos del filme y ya sentimos la impotencia de toda una nación. Es un cuadro desalentador. Muy a pesar, se nos revela una esperanza. La primera impresión que tengo de Nelson Chamisa es la de un político neófito. No solo es su juventud la que me impulsa a ese (pre)juicio, sino también su discursiva que derrocha exaltaciones optimistas. Me recuerda a las estrategias baratas y populares de varios líderes latinoamericanos o algún coach persuadiéndote a que te sumes a la aventura de su pirámide. Nada de eso. Chamisa es el elegido. El joven abogado, quien desde la universidad luchó contra el gobierno de Robert Mugabe, de grandilocuencia consecuente, muy bien armado del discurso jurídico, buen oyente de la ciudadanía, a quien cita a fin de promover encuentros frontales, tono de voz firme, volumen que no desea aparentar liderazgo, hay humildad en su temple. Chamisa es el jedi que nunca verás pasar al lado oscuro.

Sin embargo, a todo optimista y bienhechor, existe un antagónico. Emmerson Mnangagwa, el presidente provisional, y sucesor de Mugabe, será el equivalente al sith. President es el seguimiento a la campaña de Chamisa. A cuatro meses de las votaciones del 2018, el espectador será testigo de las incidencias que oprimen a los héroes de esta historia. Porque, eso sí, no es una campaña que pretende enaltecer a una sola figura, sino a todo un colectivo.

Al margen, no es un documental que descubre escándalos sexuales o demás cuotas amarillistas. No es un thriller o revela un destape a último minuto que dará un giro intempestivo del escenario. Se podría decir –y esto será familiar para aquellos que han vivido bajo una dictadura– que los acontecimientos optarán una ruta para nada inesperada. Las estrategias sucias de un gobierno por mantenerse en el poder eran predecibles dentro del marco social. Es una lucha desigual que el partido opositor se esforzó por negar sucedería. Lo que hace que se valore a este documental es el registro progresivo de una estrategia infame y desvergonzada que pone en evidencia a todo un sistema manipulado. Es además atractivo por el efecto de ánimo, tensión y esperanza que contagia este grupo encabezado por Nelson Chamisa, ello dada la cercanía que Camilla Nielsson entabla. Son las reacciones, los pormenores, el efecto primicia lo que hace fascinante este filme.