Uno siente el corazón hecho añicos cuando termina la dramática y absolutamente realista cinta “The Father” (2020), dirigida por el francés Florian Zeller. Sus 97 minutos de duración resultan un viaje muy doloroso a través de la pérdida de la lucidez y la memoria. Es una caída hacia la soledad más terrible: la de no saber quién es uno mismo.

El film fue nominado a seis premios Oscar, de los que ganó los correspondientes a Mejor Actor y Mejor Guion Adaptado. Hay que empezar reconociendo que “The Father” tiene a los dos protagonistas en un nivel actoral impresionante. Anthony Hopkins y Olivia Colman, como padre e hija, transmiten poderosamente una gama de emociones que sacuden a cualquier espectador.

El desconcierto y la angustia cada vez mayores del padre anciano (y con demencia senil) son perfectamente condensados y expresados por Hopkins, uno de los mejores actores del mundo durante las cuatro últimas décadas y ganador de muchos premios importantes de la industria del cine. Mientras que Olivia Colman (Anne), ganadora del Oscar a Mejor Actriz hace dos años por “The Favourite”, nos mimetiza ahora con su tristeza e impotencia de hija que ama a su padre, pero no puede evitar que la demencia senil empeore cada vez más la percepción de la realidad de su progenitor. Y que, además, dicho deterioro diario de sus facultades le haga la vida cotidiana, la convivencia familiar, más tensa e inmanejable.

De manera muy acertada, el director Zeller consigue plasmar la sensación de encierro, de callejón sin salida, que amenaza al padre todo el tiempo. La película entera se desarrolla en espacios cerrados, sea el apartamento o la casa de reposo. Esta decisión de Zeller genera que el espectador se sienta igual de atrapado e incómodo que el anciano padre. No solo en dichos reducidos espacios físicos sino también en los laberintos mentales que lo envuelven, mezclan sus recuerdos con el presente y no le conceden ningún momento de tranquilidad.

Por su parte, el guion (que ha sido adaptado de la multipremiada obra teatral homónima del mismo Zeller) tiene muchos momentos impactantes. Por ejemplo, cuando el anciano y orgulloso Anthony finge ser amable con la enfermera Laura (que va a cuidarlo al apartamento de Anne) por unos momentos y luego termina comportándose groseramente, con tal de que ella se vaya, puesto que piensa que no necesita de los cuidados de nadie. Y otro momento crucial es cuando el mismo Anthony no sabe quién es y pide a la enfermera de la casa de reposo, entre lágrimas, estar con su madre, como si fuera un niño pequeño otra vez. Es una conmovedora vuelta al origen, a la primera infancia, donde los seres humanos nos sentimos protegidos y cuidados, donde no se teme estar perdiendo la identidad ni la memoria.

Por todo lo mencionado (aunque no son sus únicos méritos), “The Father” no solo es una clase magistral de actuación por parte de Hopkins y Colman, sino que también manifiesta un profundo valor humano, debido a que es un documento cinematográfico sobre la demencia senil, que puede sensibilizar a millones de personas acerca de este problema de salud pública (sobre el que incluso la Organización Mundial de la Salud se ha pronunciado). Porque muchos hombres y mujeres mayores viven esos laberintos sin salida de la mente, esos torbellinos de caos cognitivo y, felizmente, largometrajes como este nos hacen ser más respetuosos y solidarios con quienes los padecen. En numerosas familias alrededor del mundo existe un Anthony al cual cuidar con paciencia y amor.