Entre los cortometrajes asociados al cine de género, la película del loretano Julio Blanca hace un rescate al cine negro del Hollywood clásico y lo adapta al escenario de la selva peruana. Green Noir (2021) es una historia que acontece en gran parte a la luz de la vida nocturna, entre bares y tugurios que hacen remembranza a los bajos fondos, brillosos y decadentes de las ciudades de California o New York. Es un espacio que además reconoce a personajes movidos por sus instintos. Este escenario, literalmente, es una selva que cobija criaturas de la noche que son guiadas por sus impulsos o deseos. Por otro lado, dada la ausencia de un diálogo que concrete la definición de su conflicto, Blanca parece anunciar que su estímulo fílmico deviene de un deseo por gestar un idioma universal que no depende más que del lenguaje fílmico que sugiere el noir. Ahí está el blanco y negro, las luces entre la oscuridad, los espacios cerrados y laberínticos, los personajes tipo, tales como la femme fatale, el gesto del humo de los cigarros, así como los tópicos y los personajes artificiales (el dinero y el arma). Todos esos son constructores de un universo que, en efecto, se asocian al noir. Más allá de una historia, Green Noir parece haber sido concebida para comprobar cómo los mecanismos fílmicos no dependen tanto de un territorio en específico.

En otro terreno, un cortometraje que alude a un género que definitivamente no posee en la actualidad un escenario fetiche es Hora mágica (2021). Esta es la historia de un cantor y compositor y su “muda” y joven empleada doméstica que se convierten en socios musicales. El director Francisco Ríos concibe este filme musical para narrar un relato de una voz en formación y que, posteriormente, hallará su propio camino o estilo. Este argumento es familiar dentro del género en alusión. Son los casos de New York, New York (1977) o la más reciente La la land (2016), filmes que descubren a jóvenes talentos guiados por algún mentor o socio que poco a poco van descubriendo su voz y comienzan a aspirar su independencia artística. En complemento, Hora mágica es también una película sobre la escalada de la fama, una que ciertamente crece repentina y vertiginosamente fruto de una elipsis. Ríos hace además una representación sobre el caso de un relato que se acerca a los cuentos de hadas. No es gratuito que los inicios de la protagonista nos recuerden a un célebre cuento infantil. A propósito, distintos musicales se han asociado a la fantasía, una suerte de puente que nutre esa realidad en donde los sueños pueden cumplirse gracias al talento natural y una obstinación por alcanzar una meta vocacional.

Y, a propósito de vocaciones, Marcela (2019) nos cuenta la historia de una joven colegial a punto de egresar del mundo de la infancia y a puertas de ingresar al mundo adulto, siendo la elección de una vocación la primera condición para asegurar esa nueva afiliación. El director Giancarlo Jacob se apoya de la parodia y la fantasía para hacer panorama de una etapa un tanto traumático para las generaciones que son empujadas a decidir por un terreno que aún están reconociendo. Mientras que gran parte de sus compañeros de clase parecen ya haber aceptado sus derivas universitarias, Marcela no deja de barajar en su mente un abanico de posibilidades, sueños que por momentos lucen inalcanzables, casi irreales. Claro que, hasta cierto punto, se formula la pregunta: ¿Es acaso una consideración de posibles futuros o solo la expresión de una mente creativa lo que emerge de la cabeza de esta adolescente? Si bien Marcela no está inspirada en un cine de género clásico, los mundos posibles que imagina la joven se inspiran de secuencias que pertenecen a distintos cines de género. Ese detalle, posiblemente, tenga que ver con el destino de la protagonista.

Podrán ver estas películas, de manera gratuita del 11 al 17 de octubre, en el sitio web del Festival de Cine de Trujillo.