En los minutos iniciales de “Volver a vivir”, documental del director huancaíno Wilfredo Medina, vemos el testimonio de Rider Aucayauri, sobreviviente de la matanza de 24 personas del centro poblado de Naylamp de Sonomoro que una columna armada de Sendero Luminoso llevó a cabo en esa localidad de la selva central de la región de Junín, el 12 de abril de 1990. A partir del relato memorioso de dicha tragedia, núcleo dramático de la película, se reconstruyen con entrevistas a testigos y parientes de las víctimas e imágenes de archivo, las circunstancias del violento episodio. Muchos de ellos tuvieron que migrar a Lima y otras ciudades para escapar de la guerra interna que azotó a la selva central peruana en aquellos años.      

Entre los videos que ayudan a darle contexto a la historia, se muestran imágenes del día siguiente de la masacre, y del entierro público realizado por los pobladores de la comunidad con sus fallecidos. Por los testigos nos enteramos de que la matanza senderista habría sido para vengar la muerte de una familia de agricultores (los Malpica Oré) a manos de rondas campesinas de Satipo que se organizaron como comités de autodefensa para enfrentar al terrorismo.  

Los testimonios revelan que estamos ante un caso complejo y abierto, pendiente aún de alcanzar justicia, similar a tantos otros abusos y violaciones a los derechos humanos que se cometieron especialmente en localidades del Perú rural y cuya responsabilidad recae tanto en la subversión como en las fuerzas del orden. La película conecta estos hechos narrados de manera frontal por quienes los padecieron con el proceso de reparación simbólica a las víctimas que el gobierno central llevó a cabo en el sitio de la masacre entre los años 2016 y 2018. 

En la segunda mitad, vemos imágenes de eventos públicos, como la exhumación de los cuerpos enterrados en una fosa común en la plaza central del centro poblado, y la posterior entrega de los restos mortales a sus familiares en una ceremonia en el distrito de San Martín de Pangoa, aledaño a Naylamp de Sonomoro.

Volver a vivir” es un documental de factura indagatoria y periodística que se aproxima a un hecho violento y traumático que trastocó la existencia de un pueblo y de sus habitantes. Los afectados intentan sobrellevar el duelo y el dolor como pueden, unos aceptan con resignación algún gesto reparatorio (como podría ser contar su historia ante una cámara), otros solo quieren pasar la página de aquel pasado traumático, mientras retoman sus quehaceres cotidianos.

Los pormenores de este asesinato en masa y sus consecuencias recuerdan al caso similar abordado por “Lucanamarca” (2008), logrado documental de Carlos Cárdenas y Héctor Gálvez que confronta a una comunidad ayacuchana con su memoria de la masacre que tuvo lugar allí y a las versiones de unos pobladores con otros sobre lo que pasó. Sin embargo, “Volver a vivir” apuesta por un tratamiento convencional que no se atreve a explorar más de lo debido en los conflictos internos y en las animadversiones que subyacen en los testimonios y personajes que presenta. 

En sus secuencias de cierre, la película desliza una intención consoladora. En otras palabras, que la vida tiene que seguir, y se adhiere a las buenas intenciones de las autoridades por reparar de alguna forma los daños generados por la violencia política. El título del documental remite, tal vez, a esa motivación. Pero la sensación que deja al final resulta precaria e inconclusa. Y deja entrever, quizá sin proponerlo, la ausencia de políticas públicas eficientes para tratar las secuelas psicológicas y sociales, aún sin resolver, del periodo post conflicto armado.

Podrán ver esta película, de manera gratuita del 11 al 17 de octubre, en el sitio web del Festival de Cine de Trujillo.