Dentro del vasto conjunto de documentales recientes sobre la guerra de Ucrania, Porcelain War (nominado al Oscar 2025) adopta un enfoque distinto, mostrando la rutina de Slava Leontyev y Anya Stasenko, una pareja de artistas ucranianos que crean figuras de porcelana, mientras en paralelo uno de ellos entrena a los reclutas en el uso de metralletas que usarán en el frente de batalla. Como afirma Anya a través de la voz en off que se superpone a las imágenes de sus creaciones: “No solo usamos armas, también usamos el arte para defendernos”.
Slava Leontyev y su codirector Brendan Bellomo reflexionan sobre el propósito del arte durante un conflicto armado, haciendo hincapié en la necesidad de mantener viva la identidad, la cultura y la memoria incluso en los momentos más duros de una nación. Según Stasenko, los invasores “tratan de destruir a la gente que contribuye a la cultura. Cuando borran a esta gente, borran a Ucrania”. Entonces, su arte se convierte en un acto de resistencia.
El documental ofrece un retrato cálido y amable de Leontyev y Stasenko, registrando su resiliencia, su optimismo y la motivación detrás de la creación de las delicadas piezas de porcelana. Sin embargo, le falta mayor profundidad a la hora de explorar las tensiones o las posibles heridas emocionales que la guerra puede causar en su estado de ánimo.
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Por eso, la inclusión de un tercer protagonista crea un contraste enriquecedor. Andrey Stefanov, amigo de Leontyev y Stasenko, es un pintor que ha dejado de crear arte desde que empezó la guerra y que se ha visto obligado a separarse de sus hijas, quienes migraron a Polonia en busca de un refugio seguro. Aunque se comunica con ellas por videollamada e intenta mostrarse sereno, no puede evitar que su rostro evidencie la tristeza y la resignación por ese quiebre forzoso en la dinámica familiar y por la incertidumbre que genera esa distancia.
El montaje alterna escenas de los tres protagonistas en su vida cotidiana con otras imágenes de paisajes naturales de Ucrania, así como los daños causados por los misiles rusos en los entornos urbanos. También destacan un par de secuencias de animación en las que las ilustraciones de las piezas de porcelana cobran vida. Todas esas imágenes son acompañadas de la música del grupo ucraniano de folk DakhaBrakha, quienes ponen de manifiesto otra expresión del arte ucraniano.
Porcelain War representa una plausible defensa del arte y la cultura frente a las amenazas externas. No solo es una reivindicación de la porcelana, la pintura o la música, sino también el cine, como registro y testimonio de la resistencia de un pueblo. Como afirma Stasenko: “Ucrania es como la porcelana: fácil de romper, pero imposible de destruir”.
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