Se habla mucho de la función que tiene el arte en las personas, muchas veces vista solo como un medio de entretenimiento, pero también como algo más que eso: una una catarsis o incluso una herramienta para aliviar y confrontar la frustración en nuestras vidas y nuestro entorno sociopolítico a través de la expresión artística. En Sing Sing (2023), el director Greg Kwedar aborda específicamente el teatro tomando un punto crucial en la vida de unos reos: ¿puede el arte liberarlos? No física, ni legalmente, sino de una manera espiritual que los mantenga vivos dentro de una prisión.
En todo momento, la cinta ronda en el personaje de John “Divine G” Whitfield (Colman Domingo) y su meta que es lograr demostrar su libertad para salir de la prisión de Sing Sing, en Nueva York. John crea espacios en los que se separa de la imagen de un criminal, de los cuales el taller de teatro es su principal carta, ahí inspira a otros reos a buscar una alternativa a la vida de prisionero. Sin embargo, estas estrategias donde él se encuentra cómodo lo alejan de la realidad, mostrándose intelectualmente superior con sus compañeros para negar su contexto y buscar su libertad.

Contrario a «Divine G» es el personaje de Clarence “Divine Eye” Maclin (nombre real del actor y ex convicto, que aquí interpreta una versión ficticia de sí mismo), un reo que, a diferencia del protagonista, no posee una agradable personalidad para sobrevivir en la prisión. Es a través del miedo, la agresividad y el contrabando que busca el respeto y comodidad en medio de un infierno sistematizado. Por su parte, también oculta su personalidad en medio de varias capas, las que va dejando de lado poco a poco para mostrar su verdadero yo, en este caso a través del teatro, interponiendo su carácter con el de «Divine G».
Es justamente en la interacción entre estos dos personajes donde reside el corazón de la película. El teatro no solo aparece como el contexto y actividad en la que ambos participan, sino que además se nos recuerda que para que una obra sea exitosa, todas sus partes deben actuar en armonía colectiva. Tanto John como Clarence lidian con estos disfraces que se han formado en prisión y buscan deshacerse de ellos para encontrar la vulnerabilidad en la actuación. Mientras que «Divine G» aprende a abandonar la confianza que le da la actuación al ser el más experimentado, «Divine Eye» debe desarraigarse de este fingido desencanto que tiene por la sensibilidad para entregarse al teatro. Ambas partes caminan individual y luego colectivamente para buscar, no solo una manera de confrontar el sistema penal en que se encuentran, sino también el encierro en las máscaras sociales que se han creado.
Sing Sing puede que haya sido de las cintas que menos ruido hizo en la temporada de premios pasada, pero es una obra que, con su pequeña premisa, contiene personajes muy humanos en un ambiente más que vulnerable y varias veces desesperanzador como es una cárcel. Los personajes de «Divine G» y «Divine Eye» se enfrentan a sus propias construcciones cuando el teatro aparece como una forma de liberación emocional. Greg Kwedar nos muestra que, incluso en los espacios más opresivos, el arte sigue siendo una herramienta poderosa para la resistencia, la comunidad y la reafirmación de la propia humanidad.

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