Autor John Campos Gómez

Encuentro pendiente (2010)

Encuentro pendiente del director cajamarquino Lenin Salinas, es una película de horror que no asusta; sin embargo, logra fluidez y misterio en las secuencias donde el protagonista convive con la personificación de la muerte.

No se puede decir lo mismo de las de corte romántico, embadurnadas de cursilería y tan extensas que parecen injertos de alguna telenovela local. Menos aún de la escena erótica entre los jóvenes protagonistas, grabada con los códigos de ese género: ralentis en los destapes y música sensual de acompañamiento. Sí pues, otro injerto.

Secuelas del terror (2010)

Días de Santiago no es influencia de la ayacuchana Secuelas del terror sino su plantilla. Pareciera la segunda la adaptación andina de la ópera prima de Josué Méndez, y no es halago. Juan Camborda, su director, pretende marcar distancias con… Seguir leyendo →

Camino barbarie (2004)

Pareciera que el peruano es un pueblo sin memoria, destinado a errar en lo mismo que otrora lo hiciera padecer. Algunos olvidadizos necesitan recordaris, otros un golpe aún más fuerte que el anterior para quebrarles la testarudez. Inválida es la… Seguir leyendo →

La boda de Rachel (2008)

Fue en marzo del 2009 cuando se canceló el estreno de esta película en Lima. Entonces, ni la nominación al Oscar de su protagonista Anne Hathaway le valió el aprecio de las distribuidoras, quedándonos solo a los cinéfilos descargarla por… Seguir leyendo →

[Crítica] “Ukuku”, de Gastón Vizcarra (2009)

El origen del ukuku se encuentra en la mitología andina: se trata de una criatura nacida de la unión de una mujer con un oso de anteojos, de los que hereda su sabiduría y fuerza, respectivamente. Su condición de semidios… Seguir leyendo →

Cyrus (2010)

Cyrus, de Jay y Mark Duplass, es la típica película de perfil “independiente” en la que el lucimiento de los actores se premedita como valor agregado. Por tanto, el estilo de trabajo de estos hermanos, de preponderar la libertad interpretativa de sus elencos, debió dar mejores réditos que la apenas medianía de éste su tercer filme como tándem.

Se trata de una comedia romántica ‘decorada’ de algunos atavíos indies como el exiguo uso de la música incidental, largas conversaciones sin trascendencia y tempo cansino en pos de parecer inteligente, sobria y genial hasta donde pueda.

Entrevista a Rafael Arévalo: “La (r)evolución es más que necesaria”

En la obra de Rafael Arévalo confluyen disparates de cualquier índole y genuinos homenajes al cine silente de horror. Divierte el poco rubor de este director cuando adosa extravagancias a sus historias de por sí desopilantes: las hace imprevisibles, libertinas, en un contexto oscuro de barbarie. Su estilo serie B se acomoda perfectamente a los pocos soles de su bolsillo y a sus desvaríos narrativos, no obstante, se hace querer.

El 3 de diciembre en el C.C. CAFAE presenterá un avance de Pisco, un proyecto colectivo a estrenarse el 2011.
Lean la entrevista a continuación.

La vigilia (2010)

Lo de Augusto Tamayo es narrar en imágenes, hacer fluir la diégesis, coger dos planos disímiles y darles coherencia al empalmarlos. Hacer discurrir una historia hasta que desenlace y quede todo claro, diáfano. En cambio, con la La vigilia, va a contracorriente de sus talentos en pos de ostentar intelecto: imprime ‘artísticos’ tiempos muertos, simbolismos retóricos y un anticlímax desangelado, que deja más sinsabores que inquietudes. El híbrido no resulta: no solo aburre sino que, en su presunta sabihondez, revolotea clichés.

Las mejores secuencias de La vigilia son las correrías nocturnas por el Centro Histórico de Lima, filmadas en planos abiertos que denotan a las plazas y calles cuales infiernos dantescos, donde cada ruta es una ramificación del averno. El ambiente enrarecido que Tamayo compone, desde la elección de las locaciones, sugiere no una vigilia escabrosa sino una pesadilla.

La vigilia es un ensayo tedioso acerca de la incomunicación entre clases, no una película sagaz y sentida de su tema. Entre bostezos y parpadeos cansados, la he podido entender, pero no disfrutar.

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