Fur

A la fotógrafa Diane Arbus se la recuerda por llevar a imágenes lo más extraño que podía encontrarse a la vista de la próspera sociedad estadounidense. Aquellos especímenes que deambulaban no solo en los márgenes sino incluso en su mismo entorno, en los coloridos espacios de su Manhattan y demás paisajes ideales a lo largo y ancho del país. Ese mundo bizarro no era un descubrimiento (ni siquiera para el cine) pero llamaba la atención por el registro inquietante de su realidad, sin deformaciones o más bien sin exacerbaciones o alteraciones que llegaron a volverse formidables, particularmente cuando eran el retrato de gente común en actitudes o poses “antiestéticas”. Su obra ha sido desde entonces más que influyente y este film le dedica un pequeño espacio al personaje mismo. Cruce de contradicciones idealizada bajo el filtro de una ficción que se alimenta de las resonancias surrealistas que van de Todd Browning a David Lynch. De ello ya daba cuenta el director Steven Shainberg en Secretary, su interesante film anterior. Como en aquella ocasión, la protagonista es una mujer batallando con hacer posible que sus personales y “oscuros” placeres se impongan en la pulcra vecindad. Toda una freaky representada irónicamente por la estéticamente “perfecta” Nicole Kidman.

Esta película no intenta ser un retrato pormenorizado de una fotógrafa batallando por desarrollar su afición por las cámaras, sobre sus triunfos o el culto que habría de suscitar en la parte final de su vida. Cual declarado discípulo, el director solo desea capturar un breve instante de ese enigma. Una breve instantánea que termina siendo alimentada por su sensibilidad. A la vista de su breve obra podemos caer en cuenta del interés que tuvo Shainberg por la excéntrica Arbus. Es un cineasta interesado en dar cuenta de ese suelo palpitante del que brotan las flores más bellas del jardín, en la genial alegoría de David Lynch. No es de extrañar que los mayores tributos se los rinda al creador de Blue Velvet a quien no deja de tener como referencia una y otra vez, hasta en los momentos o planos más anodinos.

La Arbus que nos presenta el film vive en completo desconcierto. Percibe su mundo del bohemio New York como si estuviese en negativo. Toda su existencia de chica rica, de costumbres y gustos finos, asumen para ella (y para los espectadores) el aspecto de un verdadero circo de monstruos. Incluso su presencia como parte de ese mundo le resulta extrañamente incómoda.

furLas escenas de la presentación de la familia y la preparación del desfile de modas son efectivas y detallistas en extremo, nos expresan la aprehensión que hace la protagonista de aquel mundo del cual se siente tan lejos y tan cerca. Hasta los caprichos y exquisiteces de su madre los asume como si recién le fueran presentados para su incomodidad, como su propia imagen en el espejo (es divertido ver a Kidman pretendiéndose disconforme con su propia belleza) de la que no se puede permitir ni un solo de esos “defectos” que secretamente la fascinan. Desde ese momento la cinta se pretende la expresión en movimiento de los conceptos estéticos de la fotógrafa quien comienza a trabajar el ojo tal vez sin darse cuenta. Esa percepción de los pequeños pero vitales detalles se plasman en breves pero significativos momentos, como cuando Diane se arranca un vello o percibe los ruidos que provienen de las tuberías sucias o de los departamentos vecinos. Ese acercamiento peculiar a la realidad para despojarla de su, a primera vista, impecable apariencia es lo más interesante del film. Entra entonces a tallar esa paradoja andante que es la protagonista dándose de cara con esa insatisfactoria mirada superficial (representada por el negocio familiar de las foto de magazines y diversa publicidad), mirada de la que está hecha la sociedad “superada”, gustosa del aspecto esplendoroso de cualquier mueble o de las superstars (como Nicole).

Ese éxtasis por los bordes que apenas puede relamer la incomprendida Diane encontrará su anhelado rincón oculto al lado del “peludo” Lionel, quien siguiendo la regla de Lynch es la representación directa de la monstruosidad contenida (y fantaseada) por la heroína. Una especie de bestia esperando a que la bella abra su puerta para deleitarla con su universo alterno. Pero hasta aquí corren los parecidos puesto que Shainberg no tiene la audaz radicalidad de su maestro. Todos los brebajes del cine bizarro están sobre la mesa pero el cineasta prefiere continuar con la línea clásica de un cuento de hadas (como en cierta forma lo era Secretary), lo que no está mal, pero que desvía su mundo extraño hacia uno más edulcorado. De ahí en adelante el film se transforma en una tierna mirada hacia la comunidad freak que a la vista del film resulta una más sincera y hasta inocente que la otra cargada de prejuicios y carreras por el refinamiento incondicional. Lo más recóndito, oscuro y retorcido que tiene Lionel es su pelaje en el cual apenas distinguimos a Robert Downey Jr. a veces también con máscara encima (cualquier referencia sórdida a lo The Elephant Man también está limada en gran parte). Su presencia y la de sus colegas en realidad no importan tanto como la de Nicole envuelta por los humores de su curiosa atracción hacia ese circo surgido de los escondrijos de su Manhattan familiar para nada disimulado susto de los suyos (notable el breve instante de la fiesta de cumpleaños con los padres).

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La película se torna dispareja bastante temprano aunque algunos momentos cargados de ironía la sazonan bien pero en muy poco logran acercarse a ese otro cultor del mundo freak que es Tim Burton. La sola escena de la barbacoa en Edward Scissorhands se lleva de encuentro cada momento de este choque “intercultural”. El desvío romántico de la historia tal vez concentra algo mejor la fantasía infantil de los creadores del surrealismo especialmente en la insólita secuencia de la afeitada (con el monstruo entregando su esencia a la amada para que esta la conserve más allá de la muerte). A pesar de sus notorios homenajes, la sensibilidad de Shainberg es bastante especial, hasta personal. De cuanto hemos visto podemos quedarnos con aquellos momentos iniciales y finales en los que Diane deja por completo sus prejuicios aprendidos, lista a revelar sus secretos. Sin monstruos directos la película devela esa defensa por las peculiaridades personales mejor ahí que en ningún otro momento.

fur-an-imaginary-portrait-of-diane-arbus.jpgFur: An Imaginary Portrait of Diane Arbus
Dir. Steven Shainberg | 122 min. | EE.UU.

Intérpretes: Nicole Kidman (Diane Arbus), Robert Downey Jr. (Lionel Sweeney), Ty Burrell (Allan Arbus), Harris Yulin (David Nemerov), Jane Alexander (Gertrude Nemerov), Emmy Clarke (Grace Arbus), Genevieve McCarthy (Sophie Arbus), Boris McGiver (Jack Henry), Marceline Hugot (Tippa Henry), Mary Duffy (Althea)

Estreno en España: 4 de mayo de 2007
Estreno en Perú: 29 de noviembre de 2007