La casa muda, cinta de terror uruguaya, presuntamente basada en un hecho real, es un buen filme de género, perteneciente al rubro de las “casas embrujadas”. Es cierto que no es muy original, ya que tiene todos los elementos convencionales de este tipo de películas (ruidos inexplicados, puertas chirriantes o que se cierran solas, muertes inexplicables, etc.); sin embargo, presenta como puntos a favor el estar grabada en un solo plano secuencia y utilizando la luz de la cámara, es decir, con una iluminación muy parecida al del tramo final de la memorable [REC]. Aclaro que no es una cámara subjetiva, como es el caso tanto de la mencionada obra española como de Cloverfield; sino que la cámara muestra la situación que enfrenta la protagonista, asumiendo su punto de vista, aunque a veces también adopta el punto de vista del público.

El otro aspecto interesante es el desenlace, que presenta una especie de coda final con la protagonista Florencia Colucci caminando por el bosque y que añade un revelador toque de ambigüedad que, paradójicamente, define la naturaleza de su conflicto interno (motor de todo el horror visto y vivido en interiores) y nos ofrece un cierre lírico –a manera de relax– luego de las tensiones vividas. Técnicamente, la cinta fue grabada íntegramente con una cámara de video digital que también… es una cámara de fotos.

Con semejante alarde de bajo presupuesto, el director Gustavo Hernández se concentra en una sola anécdota, la visita de una joven con su padre a una vieja casona en el campo que está en venta, y en la cual caerá bajo el influjo maligno de la vivienda. A partir de ello, la historia se desarrolla con todos los trucos del género y realmente mantiene la tensión y el miedo gracias al tiempo real, que no nos hace apartarnos un momento de las peripecias de la acción, por más convencionales que parezcan.

Hay que destacar el esfuerzo para lograr una planificación eficaz en el contexto del plano secuencia, variando los tamaños de encuadre de tal forma que –con la ayuda de los efectos sonoros– se genere el suspenso y pánico de manera muy convincente en el público. Una notable y económica adición al cine de terror.