El 23 de Octubre del 2002, 50 hombres armados invadieron un teatro en Moscú. En los primeros minutos, la audiencia estuvo fascinada por el inesperado evento y no entendían si esto formaba parte del espectáculo o no.
Este es el punto de partida de Interruption, primer largometraje del director griego Yorgos Zois quien ya había cautivado a los espectadores de Venecia con su cortometraje Casus Belli llevándose varios premios internacionales importantes en festivales como Rotterdam o Clermont Ferrand.

Como ya nos tiene acostumbrados el cine griego en películas más actuales como “Dogtooth” (Giorgos Lanthimos) o “Miss Violence” (Alexandros Avranas), Yorgos Zois también busca reflejar una crudeza visual en “Interruption” a partir de la creación de personajes bastante atípicos y un acercamiento hacia el cuerpo en situaciones eróticas bastante fuertes.

A partir de la presentación de una adaptación teatral postmoderna, una tragedia clásica griega en un teatro en Atenas, Zois nos relata un juego entre realidad y ficción propia del cine más clásico de Angelopoulos quién, en términos narrativos, tiende a difuminar las líneas que separan los hechos de la fantasía, la verdad de la falsedad o el pasado del presente.

Somos espectadores, entonces, de un grupo de jóvenes que ha subido al escenario, vestidos de negro, con armas y que invitan al público a formar parte de la obra. El juego se reanuda cuando algunos hombres y mujeres aceptan subir convirtiéndose todo ello en un espectáculo gradual del cual no será sencillo poder escapar.

El cine de Zois suele acercarse más a películas como La Mirada de Ulises, La eternidad y un día o “Eleni”, películas donde se muestra una conciencia melancólica de la capacidad humana para la crueldad, la violencia, la avaricia y la negligencia. Pero hay un tema importante en la puesta de Zois y es el poder que tiene el arte para manipular mentes, pero que está por debajo de un poder más grande que es el sistema político y la ideología.

El director crea una historia muy auténtica y nos hacer formar parte del mismo, tomando decisiones acerca de las acciones de algunos personajes y moviéndonos, con cautela, en esa delgada línea entre la vida y el arte, la lógica y el absurdo. Resulta interesante esa búsqueda por crear una continuidad espacial a partir del lenguaje audiovisual en el que los planos generales, la iluminación y el diseño sonoro de la sala de teatro se extiendan hacia los asientos de las salas del cine. Como el mismo director describe, la vida imita al arte, y no viceversa.