Puede que al Universo Extendido de DC no le haya ido tan bien como al Universo Cinematográfico de Marvel —por algo se estrenará una segunda versión de “La Liga de la Justicia” el próximo año, esta vez aprobada por Zack Snyder—, pero eso no quiere decir que carezca de películas de interés, o hasta muy recomendables. Su servidor siempre defenderá a “Hombre de Acero”, por ejemplo (lo cual no quiere decir que esté libre de defectos), y cintas como la entretenida “¡Shazam!” o la deliciosamente absurda “Aquaman”, ciertamente resultan más memorables que algo como la deprimente “Batman vs. Superman”. Les está tomando algo de tiempo, pero poco a poco, la gente de DC se está dando cuenta de que no todos sus filmes tienen que ser oscuros y serios; de vez en cuando, no está mal que estos superhéroes le traigan algo de luz a este mundo.

Lo cual me lleva, por supuesto, a mencionar “Mujer Maravilla”, la mejor película del Universo DC hasta el momento. Lo que hizo Patty Jenkins con dicha producción fue demostrar que estos héroes pueden, efectivamente, manejar un buen balance entre el cinismo de nuestros días y la esperanza que este tipo de personajes representan, entregándonos una aventura llena de momentos emotivos, poblada por personajes que, dentro de todo, se sentían bastante humanos: vulnerables, fallidos, y capaces de amar. Sí, el filme se desinfla —bastante— durante un tercer acto lleno de efectos visuales poco convincentes que, dicho sea de paso, parece haber sido sacado de algo más parecido a lo que dirigiría Zack Snyder. Pero fuera de eso, “Mujer Maravilla” terminó siendo EL filme que salvaría DC, abriendo camino a muchas de las producciones anteriormente mencionadas que se estrenaron luego de este hit.

Por eso que es no sorprende que tanto Jenkins como su protagonista, Gal Gadot, hayan regresado para una secuela: “Mujer Maravilla 1984”. Y sí, el estreno de dicho filme ha tenido que ser postergado varias veces, primero para darle un poco más de tiempo al equipo para trabajar en la posproducción, y luego, lógicamente, debido a la pandemia a causa de la covid. Desgraciadamente, no mucha gente podrá disfrutar de “Mujer Maravilla 1984” en una sala de cine —la mayoría verá la película online, ya sea en “HBO Max” (el servicio de streaming de la Warner Bros), o a través de plataformas, digamos, menos legales. Felizmente, su servidor tuvo el privilegio de ver “Mujer Maravilla 1984” en la pantalla grande, y aunque no dudo de que vaya a funcionar sin mayor problemas en la comodidad de sus hogares, a la vez, debo decir que no hay nada que se compare a ver una súper producción como esta en un cine, a la antigua y con el mejor sonido e imagen posibles.

Pero me desvío del tema. Vean donde la vean, vale la pena calificar a “Mujer Maravilla 1984” como una sólida secuela, un filme que logra expandir el mundo de Diana Prince, desarrollando a profundidad algunos de los temas introducidos en el filme anterior, y entregándonos una aventura que se deleita en los excesos ochenteros a los que se tienen que enfrentar sus personajes. Esta vez no tenemos un clímax excesivo y poco creíble, ni villanos caricaturescos o una simplificación algo preocupante de un conflicto como la Primera Guerra Mundial. Lo que Jenkins y compañía han hecho con “Mujer Maravilla 1984” es transmitir una palpable sensación de optimismo, confeccionando una historia que se siente muy apropiada para un personaje como la Mujer Maravilla, y haciéndola más relevante que nunca. La cinta no es igual de fresca que su predecesora —y por ende, puede resultar hasta algo previsible para algunos—, pero sorprendentemente, se siente más madura.

Como deben asumir por el título, “Mujer Maravilla 1984” se lleva a cabo en dicho año. Diana Prince, alias Mujer Maravilla (Gal Gadot) trabaja en el Museo Smithsoniano, pero no ha abandonado su rol como protectora de los inocentes, lo cual demuestra con aplomo en una notable secuencia de acción en el centro comercial más ochentero de la historia. El status quo cambia, sin embargo, con la llegada de dos curiosos personajes. Primero tenemos a Barbara Minerva (Kristen Wiig), una tímida y torpe compañera de trabajo de Diana que rápidamente se convierte en su amiga, y luego a Maxwell Lord (Pedro Pascal), un ambicioso “barón del petróleo” que claramente tiene planes siniestros bajo la manga. No quiero revelar demasiados detalles narrativos; basta con decir que Diana tendrá que salvar al mundo de los nefastos planes de Lord, los cuales involucran a una misteriosa (y antiquísima) piedra con poderes siniestros, y sorprendentemente, al regreso de Steve Trevor (Chris Pine), el amor de la vida de nuestra protagonista.

Una de mis mayores preocupaciones al ver los primeros tráilers de “Mujer Maravilla 1984” estaba relacionada, precisamente, al regreso de Trevor. ¿Cómo es que Jenkins traería de vuelta a este personaje sin hacer que su sacrificio en la primera cinta pierda relevancia y potencia? Sin llegar a incluir spoilers, puedo decirles, felizmente, que su inclusión en “Mujer Maravilla 1984” está realizada de manera elegante, e incluso termina siendo extremadamente importante para la trama. De hecho, muchos de los aspectos de “Mujer Maravilla 1984” que en una producción de menor talla no serían más que detalles superfluos, están incluidos acá para servir a la narrativa. Por ejemplo, consideren el año que Jenkins eligió para desarrollar esta aventura: la directora utiliza a los ochentas como una representación del exceso capitalista de los estadounidenses, desarrollando temas relacionados a la ambición, la avaricia y el deseo por tenerlo absolutamente todo sin pensar en las consecuencias.

Ciertamente se trata de un guion ambicioso, y aunque no todos los temas están igual de bien desarrollados, al menos le otorgan dimensiones adicionales a la historia. La Mujer Maravilla es un símbolo de la verdad —cosa que ponen en evidencia durante un divertido prólogo, protagonizado por una Diana de unos ocho años—, y por ende, el conflicto principal se centra en una pelea entre la verdad y el engaño, entre la sencillez y la avaricia excesiva. Y más importante: entre aceptar lo que uno ya tiene y a quienes ama, y tratar de conseguir lo que no se tiene, cueste lo que cueste. Maxwell Lord es una clara representación de lo último, y hasta la Barbara de Kristen Wiig lo es, también, a menor grado, por lo que resulta interesante que el filme trata de humanizarlos hasta cierto punto. El primero tiene un hijo pequeño a quien ama mucho, y la segunda es caracterizada como una mujer buena pero incomprendida, siempre sometida a los juicios de hombres que solo se fijan en lo físico y superficial.

Esto se hace notorio en la múltiples escenas en donde personajes secundarios masculinos acosan a Barbara en la calle. O las miradas —y piropos innecesarios— que atrae Diana cada vez que va a un evento público. Otro de los temas relevantes que “Mujer Maravilla 1984” maneja está relacionado al rol de la mujer y a cómo esta es percibida en un mundo que, incluso más que el de hoy en día, es dominado por hombres que se sienten empoderados, y por ende, con derecho a tratar como les de la gana a los demás (especialmente a las mujeres). Eso es parte, también, de la cultura del exceso de los ochentas —“¡obtén todo lo que quieras y como quieras, te lo mereces!”—, y por supuesto, de una sociedad absolutamente machista. La sutileza no es una de las características principales de “Mujer Maravilla 1984”, pero tampoco tenía por qué serlo. En todo caso, siempre me resulta refrescante un blockbuster de superhéroes que tiene algo que decir, en contraste con una película de similar corte, pero más enfocada en el espectáculo sin sentido (“La Liga de la Justicia”).

Gal Gadot está genial como Diana Prince; esta vez le han dado un poco más que hacer a nivel dramático, y resulta convincente tanto en las secuencias de acción y en los “hero shots”, como en los momentos más dramáticos (hay una escena en particular, durante el tercer acto, en el que me partió el corazón). Chris Pine tiene el rol de “pez fuera del agua” que Diana tenía en la cinta anterior, y lo interpreta con una inocencia envidiable; se trata de un personaje por partes adorable, pero también intrépido y carismático. El gran Pedro Pascal canaliza a Nicolas Cage de manera sublime, interpretando a Lord como alguien obsesionado con tener más y más; megalomaníaco pero sorprendentemente humano. Y Kristen Wiig destaca en un rol serio, desarrollando a Barbara como alguien que simplemente quiere ser notada, envidiosa pero también admiradora de Diana. Cierto cambio —tanto físico como psicológico— en el personaje durante el tercer acto se siente decepcionantemente repentino, pero felizmente no termina por arruinar su trabajo previo.

Por su parte, Jenkins demuestra haber crecido como cineasta de acción, entregándonos algunos momentos verdaderamente espectaculares, desde el enfrentamiento que Diana tiene en el centro comercial mencionado líneas arriba, hasta algunas de las escenas más visualmente ambiciosas, como una persecución en camiones que parece estar homenajeando a “Indiana Jones y los Cazadores del Arca Perdida”. Los efectos visuales son de calidad mixta; disfruté de algunas de las imágenes más locas e imaginativas de la cinta, pero muchas de las creaciones digitales, así como las composiciones realizadas en post, no lucen como algo que uno esperaría de un blockbuster millonario. Espero que para la siguiente aventura de Diana, DC le dé algo más de presupuesto a Jenkins y su equipo para la post (o probablemente, más tiempo para afinar algunos de los planos más complejos).

Todavía no estoy seguro si “Mujer Maravilla 1984” me gusto más que su predecesora; admiro la relevancia y frescura de la primera película, pero disfruto más de los temas desarrollados en esta secuela, así como de un tercer acto que se siente más orgánico y menos caótico. Lo que sí es seguro es que se trata de un filme que no le tiene miedo a sus orígenes en los cómics: al uso de colores vibrantes, y a un tono más bien jovial, similar al de las películas de “Superman” de Christopher Reeve, y alejado de la monotonía y depresión de las cintas de Zack Snyder. “Mujer Maravilla 1984” sabe exactamente lo que es, y por ende, nunca trata de esconderlo: un filme de superhéroes que, en un año que no podría haber sido menos imprevisible y más problemático, nos entrega algo de esperanza y luz. Si no son fanáticos de este tipo de cine —o en todo caso, si están en el bando de Scorsese—, dudo que “Mujer Maravilla 1984” vaya a ayudarlos a cambiar de opinión. Pero si han disfrutado de filmes similares en el pasado, lo más probable es que, como yo, terminen con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Qué más podríamos pedir?

Nota: “Mujer Maravilla 1984” cuenta con una escena adicional en medio de los créditos finales. Los espectadores nostálgicos no querrán perdérsela.