Por más que esté basada en una obra de teatro de renombre, dirigida por un cineasta con mucha experiencia, y cuente con un reparto secundario de lujo, lo más probable es que “Ma Rainey’s Black Bottom” esté atrayendo más atención de lo normal debido a Chadwick Boseman. El joven y talentoso actor, que desgraciadamente falleció hace un par de meses luego de una larga y ardua batalla contra el cáncer de colon, da lo que terminará siendo considerada como la mejor actuación de su carrera, desarrollando a un personaje tremendamente complejo de manera creíble y potente. “Ma Rainey’s Black Bottom” es un excelente drama, acotado y emotivo, pero lo más probable es que la mayoría de espectadores terminen el filme con la imagen de Boseman en sus mentes.

“Ma Rainey’s Black Bottom” se lleva a cabo en 1927, en un estudio de grabación donde Ma Rainey (la gran Viola Davis), la reina del blues, está a punto de grabar un nuevo disco. Para ello, ha contratado a toda una banda, liderada por Cutler (Coleman Domingo), quien junto al bajista Slow Drag (Michael Potts), el pianista Toledo (Glynn Turman), y el trompetista Levee (Chadwick Boseman), ha llegado a divertirse y cobrar su dinero. Pero este último tiene mayores ambiciones —quiere cambiar la instrumentalización de la canción más icónica de Ma Rainey porque sabe que puede hacerlo mejor, y eventualmente, formar su propia banda, con el apoyo de un par de productores blancos aparentemente solidarios, pero que claramente esconden intenciones más oscuras.

Es así que, durante el transcurso del día, vemos un choque de personalidades entre Levee y Ma Rainey, así como la revelación de los secretos que el primero esconde. Lo que comienza como una conversación e interacciones aparentemente joviales entre Levee y la banda, poco a poco se va tornando más dramático e intenso, haciendo que el joven trompetista vaya perdiendo una estabilidad mental que, claramente, siempre estuvo pendiente de un hilo. En la superficie, “Ma Rainey’s Black Bottom” parece tratar sobre las relaciones entre músicos de igual talento, pero mientras el espectador va adentrándose en la historia, se va dando cuenta de lo que tanto el autor como los personajes tienen mucho que decir sobre la religión, el rol de la población afroamericana a principios del siglo pasado, y la relación que estos últimos tenían con la gente blanca en posiciones de poder.

Se trata, pues, de una historia ambiciosa, que sin embargo ha sido adaptada con eficiencia y buen ritmo a la pantalla grande. El director George C. Wolfe nos introduce a la banda con una cámara inquieta, siempre moviéndose alrededor de ellos para sentir la energía y anticipación en la habitación, luego de haberlos presentado en un colorido show que estableció de manera bastante sutil la personalidad de nuestros protagonistas. Puede que la historia se lleve a cabo principalmente en una sola locación, pero “Ma Rainey’s Black Bottom” jamás se siente como teatro filmado, aprovechando al máximo el poder del cine para entregarnos momentos verdaderamente memorables e inesperadamente emotivos.

Consideremos por ejemplo el discurso que Levee le da a sus compañeros músicos, revelando detalles de su infancia que explican de manera lógica su odio a Dios y la manera en que se comporta frente a los productores blancos. O hasta momentos más breves, como la llegada de Ma Rainey al estudio, que involucra un pequeño accidente automovilístico y un encuentro algo accidentado con un oficial de policía blanco. Esto último se siente más relevante que nunca, demostrando lo poco que han cambiado las relaciones raciales en los Estados Unidos en los últimos 90 (¡!) años.

De hecho, es gracias al personaje de Ma Rainey que la mayoría de estos temas logran ser transmitidos de manera tan efectiva. Se trata, pues, de una mujer afroamericana con mucho autoestima e incluso más poder, tanto así que se siente muy segura de sí misma a la hora de enfrentarse a gente blanca, sabiendo que no podrán darle la contra. Sorprende, además, que haya sido una mujer abiertamente lesbiana (hasta cierto punto), lo cual no era muy común en aquella época, y mucho menos con personas afroamericanas. Ma Rainey es una mujer de gran personalidad, alguien que aprovecha al máximo su privilegio para ser tratada como muy pocas personas afroamericanas eran tratadas en aquella época, y que utiliza todo su poder para dejar en claro que ella es la jefa, y que no está dispuesta a servirle a ninguna persona blanca.

El contraste entre ella y Levee es enorme. Mientras que ella deja muy en claro su posición de poder, los traumas de Levee han hecho que tome las cosas con más paciencia, seguro de que, eventualmente, encontrará su rol en esta sociedad. Las actuaciones tanto de Viola Davis como de Chadwick Boseman son simplemente sublimes. La primera interpreta a Ma Rainey como alguien “más grande que la vida”, pero sin llegar a caricaturizar al personaje. Y el segundo convierte a Levee en alguien tremendamente complejo —a veces agresivo, muchas veces inestable, pero que se siente más como una víctima de sus circunstancias y de su mala suerte (según él, tiene tanta mala suerte que se la come de desayuno), que como un villano. Boseman es magnético, lo cual da pena, ya que lo obliga a uno a pensar en todos los grandes roles que hubiera podido interpretar si es que no hubiese fallecido tan joven.

Por más de que veamos el exterior del estudio de grabación muy ocasionalmente, vale la pena destacar la impecable recreación de época —todo, desde los automóviles hasta los trajes que utilizan los hombres, y por supuesto, los excelentes vestidos de Ma Rainey, luce absolutamente convincente y ayuda a que el espectador se sumerja en la historia. Y ni qué decir de la música —presentando canciones de blues y jazz estilo “big band”, “Ma Rainey’s Black Bottom” hace que el espectador se esté moviendo al ritmo de la música casi todo el tiempo. O al menos, cada vez que el filme le otorga un tiempo de respiro, para luego desarrollar interacciones intensas y dramáticas entre sus conflictivos personajes.

“Ma Rainey’s Black Bottom” es de lo mejor que he podido ver este año —un filme verdaderamente potente, que desarrolla sus temas centrales eficientemente, y nos presenta un par de actuaciones centrales de altísimo nivel. Me animaría a decir, de hecho, que me gustó más que “Fences”, la adaptación anterior de una obra de teatro de August Wilson, dirigida por Denzel Washington (en esta ocasión, Washington solo cumple el rol de productor). Si continúa manteniendo este nivel de calidad, tanto en lo que se refiere a los guiones adaptados como al trabajo de dirección, y por supuesto, las actuaciones, estoy seguro que Washington será capaz de adaptar todas las obras de Wilson con las que cuenta de manera memorable y, más importante, socialmente relevante. Estaré esperando con ansias a la siguiente película.