Cielo de medianoche” (The Midnight Sky, 2020) es una película que, hoy en día, solo podría ser producida por Netflix: se trata de de un proto-blockbuster con un presupuesto de más de 100 millones de dólares, que en vez de concentrarse en el espectáculo y en secuencias de acción y explosiones, narra una historia bastante personal, con mucho qué decir sobre la naturaleza del ser humano, y sus ganas por sobrevivir y batallar cualquier adversidad. Se trata, pues, de un filme que, a pesar de contar con varias secuencias en el espacio exterior, no resulta igual de tensa o emocionante que “Gravedad”, o igual de intrigante y confusa que “Interestelar”. “Cielo de medianoche” está en un punto medio, y por ende, no llega a satisfacer del todo, por más de que la ambición del director George Clooney sea digna de aplaudir.

Basada en la novela de Lily Brooks-Dalton (llamada “Buenos días, medianoche”), el filme narra dos historias en paralelo. En la primera, tenemos como protagonista al doctor Augustine Lofthouse (Clooney), un científico que, años atrás, descubrió un planeta con potencial para albergar vida inteligente, y que hoy en día trabaja en un observatorio en el ártico. El problema es que, luego de una plaga implacable, el planeta Tierra ha dejado de ser habitable, y la mayor parte de la humanidad está evacuando a bases subterráneas, con la esperanza de sobrevivir por algo de tiempo. Lofthouse, sin embargo, sufre de cáncer terminal, por lo que decide quedarse en el observatorio y cuidar de una niña llamada Iris (Caolinn Springall), quien fue olvidada luego de que su familia evacuase el lugar.

A la par, seguimos a la tripulación de una nave espacial llamada del Aether, la cual está regresando desde Júpiter, luego de haber visitado el planeta descubierto por el Doctor Lofthouse, y comprobado que, efectivamente, puede albergar vida. Abordo se encuentran el comandante Adewole (David Oyelowo) y su novia, la oficial de comunicaciones Sully (Felicity Jones), quien está embarazada, y el resto del equipo: Mitchell (Kyle Chandler), Sánchez (Demian Bichir), y la joven Maya (Tiffany Boone). Todos se mueren por regresar a casa donde sus familias, ya que perdieron comunicación con la Tierra días atrás, y no saben nada sobre el actual estado del planeta. Es así que Sully intenta restablecer contacto con la NASA —o con quien sea que esté dispuesto a escucharla—, mientras el resto del equipo intenta enfrentar los diversos problemas con los que se encuentra en su viaje.

Si “Cielo de medianoche” tiene un problema principal, es que cuenta con dos líneas narrativas en paralelo que, fuera de cierto momento durante el tercer acto, nunca llegan a juntarse de manera significativa. Por ende, la mayor parte de la película se siente como dos mediometrajes siendo proyectados en paralelo. Además, la estructura de la historia tampoco ayuda. En vez de tratar de entrelazar ambas historias de manera enérgica, yendo de una en otra como para que el espectador no llegue a extrañar a ciertos personajes, el filme abandona a Lofthouse e Iris durante varios minutos, favoreciendo a las escenas con Sully y su equipo, y haciendo que el público se pregunte qué está sucediendo con los otros personajes exactamente. Se trata de una decisión curiosa, considerando que el centro emocional de la historia está, precisamente, en la relación entre el científico y la niña abandonada.

De hecho, esto hace que muchas de las secuencias en el Aether se sientan algo vacías. De los personajes abordo de la nave, la única que se siente como un ser humano real es la Sully de Jones; la talentosa actriz británica hace todo lo que puede con un personaje algo plano, desarrollándola como una mujer fuerte, inteligente, y que jamás pierde la esperanza. El resto del reparto en la nave, desgraciadamente, está desperdiciado. Oyewolo tiene poco qué hacer como Adewole; el Mitchell de Chandler con las justas tiene una personalidad (tratan de darle espesor al presentar la familia a la que quiere regresar en la Tierra, pero se siente como un esfuerzo superficial); el Sánchez de Bichir solo cobra relevancia hacia el final de la historia, y la Maya de Boone es un cliché andante, por más de que la joven actriz sea increíblemente carismática. Su eventual destino resulta terriblemente previsible, ya que es presagiado en el guion con la sutileza de una bomba nuclear.

Felizmente, los personajes en el ártico resultan más creíbles. El Lofthouse de Clooney es un hombre lleno de arrepentimientos —lo cual se hace evidente cada vez que la película regresa al pasado, con unos flashbacks eficientemente minimalistas—, que a pesar de haber encontrado una manera de salvar a la humanidad, sabe que se ha quedado sin tiempo y sin recursos. Clooney da una actuación sutil y muy emotiva, que es complementada a la perfección por el trabajo de Springall como Iris. Esta última demuestra ser una excelente actriz a pesar de tener solo siete años, haciendo mucho casi sin hablar y utilizando, principalmente, sus expresiones faciales. A pesar de contar con varios momentos visualmente espectaculares y evidentemente caros, las mejores escenas son las que protagonizan Clooney y Springall, otorgándole un tono honesto y sobrio a la historia.

Sin embargo, y a pesar de estar más interesada en las “grandes preguntas” y en la relación entre Lofthouse y Clooney, “Cielo de medianoche” no carece de momentos espectaculares. De hecho, por momentos parece que Clooney se hubiese dado cuenta que el público podría estar aburriéndose, por lo que lanza secuencias de peligro que, en el momento, funcionan bastante bien, pero que vistas desde lejos, se sienten algo fuera de lugar como parte de una historia más bien íntima. Destacan una caminata espacial donde las cosas van saliendo cada vez peor —aquí uno nota que Clooney aprendió mucho de Alfonso Cuarón en el set de “Gravedad”—, y una secuencia de tormenta polar, que se nota a leguas fue grabada en condiciones extremas. Por más que no termine de cuajar, no se puede negar que “Cielo de medianoche” es un filme bello, elegantemente dirigido, y lleno de planos que podrían ser impresos y enmarcados para colgarlos en una pared.

Al final, y a pesar de sus considerables defectos, el balance es positivo. Sí, la mayoría de los personajes secundarios son unidimensionales, y sí, la estructura del guion hace que uno extrañe a ciertos personajes mientras está viendo a otros, pero tampoco se puede negar que la relación central entree Lofthouse e Iris funciona muy bien, y que Clooney logra decir mucho a través de una historia que, a pesar de incluir algunas secuencias de acción y tensión, prefiere concentrarse en el aspecto humano. En todo caso, también vale la pena resaltar lo variada que ha resultado ser la carrera de Clooney como cineasta: desde thrillers políticos hasta comedias de deporte, y ahora, un drama de ciencia ficción, el popular actor ha dirigido de todo, y parece negarse a ser encasillado. “Cielo de medianoche” es una mezcla de lo bueno, lo malo y lo confuso, y aunque hubiese sido genial que la vean en la pantalla grande —fue una de las últimas películas que logré ver en el cine antes de que cerraran otra vez—, debería funcionar bastante bien en la comodidad de sus hogares.