A Sun: Una cinta hermosa que esconde una dulce poesía en sus imágenes y diálogos, bien llevados por un magnífico elenco. Un relato que nos toca de cerca, ya que se cuenta de forma tan real que nos roza la piel. La pérdida, la frustración y la impotencia son vivencias terribles, que el director trata con tino, en una película profunda, que atesora la hondura característica de las grandes historias.

Waves:  El movimiento de las cámaras, el montaje, el inteligente empleo del aspect ratio a lo largo del metraje, todo en su fotografía cumple un propósito narrativo. Las cámaras rebosan vitalidad. Movimientos circulares, cortes precisos. Todo el estado emocional de los personajes, todo el proceso, se expresa utilizando el lenguaje cinematográfico. Una película cuyo ecléctico repertorio musical, sus imágenes, su nervio y la ternura que termina por abrirse paso ante la fatalidad la convierten en una imperfecta amalgama que deja poso y mucho en lo que pensar. 

Wolfwalkers:  Lo mágico de su relato se conjuga con la propuesta del dúo directores, quienes sitúan el elemento fantástico y el entorno natural en una lucha por su supervivencia frente a la humanidad, su ambición, su crueldad y su ignorancia. La animación es absolutamente impresionante, los paisajes boscosos dibujados a mano son tan detallados que cada cuadro es impresionante. Realza la encantadora historia, que pareciera una fórmula conocida, pero tiene suficientes giros originales para revitalizarla cuando es necesario.  

Sound of Metal:  Una película que sigue el proceso de cambio de un hombre que vio cómo su vida sufrió un terremoto. Más que una historia de superación, es de supervivencia. Alejada del melodrama típico que hay en este tipo de relatos, es una excelente película que nos muestra al silencio como el ruido más desesperante cuando las ganas de vivir van desapareciendo.

And Then We Danced: Un bello y duro drama sobre el descubrimiento del primer amor, de la identidad, y al mismo tiempo de la capacidad de superar las decepciones y obstáculos de la vida.  Con mucha coherencia y cohesión, se construye un relato de descubrimiento, de movimiento, de mocedad, y que contagia con su música. Allí, cuando las palabras sobran, aparece la musicalidad para narrar, para potenciar la catarsis de los personajes y el propio descubrimiento.

The Woman Who Ran

The Woman Who Ran: El maestro Hong Sang-soo explora el mundo femenino desde el realismo estático que tanto le caracteriza. Todos los tópicos de su cine están presentes para hablar esta vez sobre el matrimonio, los roles de género en la Corea actual y sobre la felicidad cotidiana de las pequeñas cosas. Todo fluye con naturalidad, en base a conversaciones entre mujeres, en medio de largas sobremesas y cafés en bares. El dato anecdótico es la participación varonil, que se limita a la intervención de solo 3 hombres dando la espalda a la cámara, porque esta historia no va con ellos.

First Cow: Kelly Reichardt nos presenta una pura y muy realista ambientación, con una narrativa totalmente alejada del clasicismo de Hollywood y de cualquier moralina. Esta oda llena de ternura a la amistad y la comunión entre el hombre y la naturaleza, nos muestra a dos hombres que intentan sobrevivir a un mundo hostil y agresivo, en el que por sus parecidos pasados y formas de ser, no encajan. Ua historia de amistad entre dos hombres que no encajan en la vida rural y salvaje del mundo que les tocó vivir. Un ciclo de belleza y representaciones de la existencia humana en un oeste sensible e inolvidable.

Babyteeth:  Una oda a la vida y una bocanada de aire fresco. Con un maravilloso elenco (todo el reconocimiento para Ben Mendelsohn) y una precisa habilidad para sostener una historia compleja sin caer en una seguidilla de golpes bajos.

The-Vast-of-Night
The Vast of Night

The Vast of Night: El gran mérito de esta sorprendente cinta radica en sustentar la propuesta sobre uno de los cimientos del cine: la tensión narrativa. Y lo hace con un toque de originalidad oscurantista valiente, desplegando una puesta en escena muy cuidada. Teléfonos, tableros de control, centralita, grabadoras, carretes de cintas y cables constituyen un homenaje a lo analógico en tiempos de digitalización masiva.Buena dosis de suspenso, buen clímax musical y de efectos sonoros y una narrativa poética que enamora en una historia que sus intérpretes transmiten con una soberbia actuación.

Driveways:  Una historia con mucho corazón sobre esos lazo entre generaciones tan distantes que se dan la posta.  Su simpleza ayuda a involucrarse con sus personajes y a sentir las emociones que emanan en su piel. Su mensaje es claro al recordar que alguien puede aportar un mayor brillo en una vida de soledad. Eso gráfica la relación entre Del y Cody: el brillo de una amistad improbable, genuina y hermosa, que le da mucha luz a un sencillo relato.

Never Rarely Sometimes Always: La historia es simple y está filmada como un documental, pocos diálogos y silencios que dicen mucho en una historia desgarradora perfectamente contada. Las protagonistas se desenvuelven perfectamente delante de la cámara ofreciéndonos unos personajes abatidos, intentando resolver los problemas con poquísimo dinero en una ciudad extraña para ellas. Una muestra de la violencia del mundo real, los costados oscuros de la soledad y el dolor atragantado. Una visión que Eliza Hittman retrata muy bien.

Dick Johnson Is Dead: Un documental que se atreve a enfrentar la muerte de una forma distinta, aceptando un inevitable destino que un padre y su hija deben afrontar. Como una terapia cinematográfica que ayuda a sobrellevar la pérdida de un ser querido y a celebrar la alegría de la vida, y el recuerdo de una vida que el tiempo se encargará de hacerla eterna.

Another Round: Una cinta bastante humana. Presenta unos interesantes personajes, los desarrolla muy bien, en sus interacciones están los elementos de la comedia mientras que en el desenlace de sus historias se encuentra lo más ligado al drama. Y un excelente guion que nos muestra los pro y contra del alcohol, su beneficencia a corto plazo y consecuencias a largo plazo.

Let Him Go: Una cinta que inicia como un drama introspectivo sobre la pérdida y la protección de los seres queridos, pero que va mutando en un western violento que capta todo el interés en las casi dos horas de metraje, gracias a la admirable actuación de dos actores que demuestran lo que valen: Diane Lane y Kevin Costner.