En medio de la distopía el cine peruano sigue navegando. La realizadora Francesca Cánepa, autora del corto “Aya”, que en su momento interesó a la crítica y obtuvo numerosos premios, estrenó en la Berlinale de hace un año, al filo del estallido de las alarmas sanitarias, su nueva obra El silencio del río, mirada curiosa al encuentro entre la búsqueda de la identidad de un niño y la necesidad de asir y recrear la realidad encarnada en su padre, en un rincón de la Amazonía peruana. Luego de una travesía por festivales afectados por la crisis pandémica global, en los que nuevamente ha obtenido reconocimientos, está buscando ahora una nominación al insólito Oscar 2021 en la categoría de mejor cortometraje de acción real.

Francesca, en tu película el niño quiere conocer los misterios de lo que le rodea y el padre no sólo lo contiene, sino que además cree que sus habilidades de orador han disminuido, en medio de una vasta geografía que es un refugio natural. ¿Es decir que para sobrevivir hoy se impone el hermetismo y la prudencia para proteger nuestro mundo, en especial la Amazonía y las tradiciones orales? Estamos frente a un personaje que para protegerse de la discriminación, ha decidido aislarse en un refugio natural. El personaje del padre no se expresa más, está ensimismado y eso responde a su alienación con respecto a su ”dualidad”. Cada noche el padre hace un rito de paso y se adentra en la selva donde simbólicamente se ”transforma” y cambia de identidad. El personaje del niño quiere encontrar una conciliación y cree que expresándose él, aceptando sus raíces y llevando el mensaje, podrá devolverle el alma a su padre y liberarlo. El elemento de la oralidad me interesaba incluirlo en la historia como forma de transmisión de conocimiento, de expresión y de tradición en las comunidades nativas. Ambos personajes llevan la lengua partida, como si les hubieran arrebatado el derecho a expresarse. Este cortometraje es una oda hacia la diversidad y la aceptación de quiénes somos.

Empiezas con la frase escrita “En la Amazonía no se admite la distinción entre hombres y naturaleza, no hay secreto que la naturaleza no revele”. Es como que de antemano se asume que esa aparente actitud defensiva es sólo un preámbulo y que tarde o temprano la tradición se va a transmitir. ¿Pero que lo revela a quién? ¿Solo a la nueva generación comunitaria o incluye al ojo foráneo muchas veces intruso? “El silencio del río” pretende dar un mensaje de aceptación y de tolerancia a la diversidad en el sentido amplio de la palabra. El padre se transforma por las noches, uno puede interpretar la metamorfosis del padre de muchas maneras. La frase sugiere que tarde o temprano, nuestra verdadera identidad saldrá a la luz. No podemos negar nuestra naturaleza y quiénes somos. Hace falta conciliarnos con nosotros mismos y nuestro entorno.

El niño dice a otro chico que los sueños son secretos, y enseguida le habla al oído. La fantasía impregna su vigilia y pone al padre en el centro de su curiosidad. En sus sueños escucha que estos no se cuentan y que las historias no se eligen, sino que llegan a uno. ¿Es una reflexión también sobre cierta inmanencia de la creación cinematográfica? Los sueños cumplen una función reveladora y premonitoria en esta historia. Como si pactaran el devenir de los personajes. Asimismo, a mi parecer el cine sublima de forma catártica el entorno y la experiencia vital del creador.

Cuéntanos por favor el proceso. ¿Cuándo y dónde grabaste y cómo ha transitado la obra en plena pandemia? ¿Has podido volver a la locación y ya vieron el corto sus protagonistas? ¿Cómo abordaron y definieron su participación en el proyecto?Con un pequeño presupuesto obtenido gracias a los premios de mi corto anterior ”Aya”, nos lanzamos a la aventura con el mismo equipo de rodaje, con Jimena Hospina a la cabeza de la producción y Christian Valera en la fotografía. Grabamos este cortometraje en el 2018, a 5 horas de Iquitos en lancha. Fue un rodaje muy complejo y un gran aprendizaje a nivel profesional y humano. Durante la grabación, nos pasaron cosas tan inimaginables, que pareciera que éramos parte del universo de realismo mágico de la historia. En la postproducción, tuvimos el apoyo de Alejandro Noriega y su productora Rebeca que se sumaron como coproductores y nos permitieron terminar el corto. Y así fue como de un día para otro, nos avisaron que habíamos sido seleccionados en la Berlinale 2020 y el sueño que contábamos se hizo realidad. Desde entonces varios festivales se tornaron híbridos u online y tuvimos la suerte de poder seguir mostrándolo por el mundo pese al difícil contexto de la pandemia. Tuvimos la oportunidad de participar en Raindance, ganar en Busan y en Calgary donde calificamos para ser postulantes a los Oscars. Por ahora nuestros actores han podido ver el corto online pero esperamos poder hacer una proyección con ellos en Iquitos cuando mejore la situación. Ha sido una travesía muy bonita y estaré eternamente agradecida con todo el talentoso equipo que se sumó y remó con nosotros ese peque peque, que, aunque agujereado, nos llevó tan lejos.

Entrevista realizada el 4 de febrero de 2021, via correo electrónico.