Es muy probable que para formarse adecuadamente en el ámbito cinematográfico no haya atajos, porque todo es aprendizaje. Cada cosa que nos rodea puede ayudar a desarrollar nuestra visión sobre el cine. Todos los caminos conducen a entender mejor el maravilloso arte de la pantalla grande. Investigar sobre otras artes, profundizar en sus bases conceptuales, nos llevará, tarde o temprano, a valorar y comprender en su real dimensión al querido séptimo arte.

Decía el legendario cineasta británico Alfred Hitchcock que “al analizar los diálogos de un filme, veremos que, en realidad, solo los tomamos prestados del teatro”. Por su parte, el gran director español Luis Buñuel afirmó que “diez años antes del surrealismo leí a Freud en España”. Esto significa que el teatro y el psicoanálisis han influido en dos de los mejores directores de cine del siglo XX.

Además, Buñuel ha contado en entrevistas que el Marqués de Sade “fue una completa revolución para mí”, con lo cual la literatura se agrega como otra de las influencias del cineasta nacido en Teruel. Sumándose al aprecio generalizado por las obras literarias, el cineasta francés Francois Truffaut afirmó que “si he elegido los libros y el cine desde la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de los libros y del cine”.

Por su parte, el director estadounidense Martin Scorsese valora mucho el trabajo de sus colegas de décadas anteriores: “Aprendí a observar ciertas imágenes, especialmente las películas de Welles y las de William Wyler”. Sin duda, obras maestras como “Citizen Kane” (1941) o “Ben-Hur” (1959) han servido de inspiración para muchos realizadores.

De otro lado, el director sueco Ingmar Bergman era licenciado en Letras e Historia del Arte por la Universidad de Estocolmo y empezó su carrera como ayudante de dirección en el Teatro de la Ópera Real de Estocolmo. La influencia teatral se evidencia bastante en la puesta en escena de sus largometrajes “Crisis” (1946), “Llueve sobre nuestro amor” (1946) o la mítica “El séptimo sello” (1957).

“Barry Lyndon”, de Stanley Kubrick

Asimismo, el estadounidense Stanley Kubrick tomó como referencia para los paisajes de su película “Barry Lyndon” (1975) a las preciosas pinturas del inglés John Constable (1776-1837). Mientras que el mexicano Alejandro González Iñárritu, en su película “The Revenant” (2015) toma como referencia, en algunas escenas, a las pinturas del alemán Caspar David Friedrich (1774-1840).

Del mismo modo, el estadounidense Paul Thomas Anderson, en su película “Inherent Vice” (2014), en una de sus escenas rinde un homenaje a la composición de la célebre pintura “La última cena” (1495-1498) del genio renacentista italiano Leonardo da Vinci. 

Y, finalmente, la película “The Killers” (1946), del alemán Robert Siodmek (que fue protagonizada por Ava Gardner y Burt Lancaster), tiene como referencia a la emblemática pintura “Nighthawks” (1942) del estadounidense Edward Hopper, durante los minutos iniciales de la historia.

Como vemos, la literatura, el arte, el psicoanálisis, el teatro y el buen cine de décadas pasadas han sido las referencias formativas principales de muy importantes directores de cine. Si bien las experiencias de la cotidianidad son una influencia diaria, lo mejor de las distintas artes alimentan el espíritu y el intelecto de todos aquellos que deseen apreciar profundamente el cine o crear obras cinematográficas de algún valor y trascendencia. 

Aunque si uno quiere dirigir, tal vez el mejor consejo sea el de Akira Kurosawa: “Si de verdad quieres hacer películas, entonces escribe guiones. Todo lo que necesitas para escribir un guion es un papel y un lápiz”. Sencillas, pero sabias y certeras palabras del maestro del cine japonés y mundial.