Conversamos con la realizadora Paula Chávez López (Lima, 1982), tras enterarnos que su ópera prima el largometraje “Xennials” (2021) fue estrenado en el en el 8° Noida International Film Festival, en la India, a fines de enero pasado. El documental es un film etnográfico enfocado en la vida de un grupo de mujeres limeñas urbanas, nacidas a inicios de los años 80, a quienes acompaña en sus reflexiones diarias sobre el uso y el paso del tiempo en sus propias vidas.

Paula Chávez es magíster en Antropología Visual y licenciada en Comunicación Audiovisual con estudios de Ingeniería de Sonido. Esta es la entrevista que sostuvimos con la cineasta:

Sería bueno comenzar precisando, ¿de qué hablamos cuando nos referimos a los “xennials”? ¿Hay características y diferencias marcadas entre los varones y mujeres “xennials”? ¿Los peruanos “xennials” tienen alguna particularidad especial? -Los xennials son los que pertenecen a una microgeneración entre la generación X y los millennials. Normalmente son los nacidos entre 1977 y 1983, aproximadamente. Algunos autores precisan que entre el 80 y el 85. Pero la lógica es que hayan nacido en ese pequeño período que los hace tener un poco de cada generación que son, en líneas generales, muy opuestas. Los xennials nacen en un contexto analógico y viven una adultez digital, hemos madurado con el avance de la tecnología y las comunicaciones. Como una mezcla entre el enfado de la generación X y el optimismo de los millennials. Los autores que usan el término lo hacen casi siempre para buscar características comunes en este grupo etario, más allá del género. Pienso que las diferencias en ese sentido pueden darse al igual que en otro grupo generacional. Para conocer como son los hombres xennials habría que investigar y por que no, hacer un documental al respecto. Los peruanos y peruanas que nacimos en este período en definitiva hemos vivido un momento especial en nuestro país. Nacimos en la vuelta a la democracia, y vivimos nuestra infancia con la sombra del conflicto armado interno, más allá del lugar en donde hayamos crecido. Hemos vivido nuestra adolescencia bajo una dictadura y cuando tuvimos la opción de votar por primera vez, se presentó un escenario absolutamente complejo apenas inició el siglo XXI. Los cambios que ha sufrido nuestro país, para bien o para mal, han sido violentos y radicales en algunos casos y han acompañado nuestro crecimiento hasta la actualidad.

El documental nace de tu tesis de maestría. ¿Cómo planteaste el reto de pasar de la investigación a la creación audiovisual? -Fue un proceso sumamente interesante que se logra consolidar de alguna manera en el documental, pero que venía trabajando, explorando y aplicando con el lenguaje audiovisual, a propósito del tema de investigación durante tres años. A lo largo de mis estudios de maestría en Antropología Visual se nos pide siempre explorar visual y sonoramente a propósito de nuestro interés de estudio. Personalmente siempre me atrajo la idea de estudiar el tiempo y las temporalidades de las personas. Primero pensé en hombres y mujeres o en un comparativo de edades, pero finalmente cerré el campo de investigación en el que ciertamente tenía mayor experiencia por mí misma. Y es justamente este aporte que da el investigador, fundamental en los estudios antropológicos para aplicar el método etnográfico, que es el que se aplicó en este documental.

Viendo tu trabajo se nota que hay mucha complicidad con las protagonistas del documental (mujeres adultas limeñas de clase media), y esto puede facilitar el acercamiento a ciertos temas. Pero, ¿acaso surgió el cuestionamiento de hasta qué punto expongo a mis amigas? ¿Ellas pusieron algunas condiciones para su participación? -Sí, es algo que se me cuestionó en algunas oportunidades a lo largo del proceso del documental. Así como el hecho de acudir a mis cercanas y que esto pueda ser aparentemente más sencillo, también el hecho de ‘usar’ sus historias de alguna forma. Pues la verdad es que el proceso se vuelve muy enriquecedor, nos solo para mí sino para ellas mismas. El seguimiento para la investigación lo hago con 8 mujeres residentes en distintos puntos de la ciudad de Lima. Con cada una converso primero personalmente, luego las entrevisto en varias oportunidades, y vamos evaluando lo que se obtiene en las entrevistas. Luego se complementan los registros con los videodiarios, que resultan ser para todas hasta momentos catárticos pues se convierten en una suerte de confesionarios de sus rutinas, problemas, deseos, etc. Finalmente la creación de las líneas de tiempo y el seguimiento a sus actividades, esta vez si acompañada de un equipo de mujeres en la realización. Entonces resulta que todo conlleva al resultado que vemos en el documental, en donde finalmente me quedo con 3 de las 8 que participan de la investigación. Que fueron las tres con las que se pudo hacer un seguimiento más exhaustivo en la medida de sus disponibilidades que siempre eran una limitación. Las tres que finalmente quedaron, resultaron ser las más representativas del grupo. Todas fueron conscientes en todo momento de que lo que expresaron podría ser usado eventualmente en el documental y estuvieron de acuerdo. 

Todo surgió de manera muy natural, como fue un proceso largo que poco a poco se iba complejizando, tuve la oportunidad de ir evaluando el asunto y ver quien se sentía más cómoda también. Una de las razones por quedarme con menos personajes era también por cómo iba viendo su comodidad ante la cámara, más allá de tener toda la buena intención de ayudarme en la investigación. Inclusive al final del proceso, prácticamente todas me comentaron que extrañaban enviarme los videodiarios, o que tengamos esas largas charlas que al parecer a todas nos ayudaron a conocernos mejor.

¿Cómo fue que decidiste utilizar los recursos de “diarios en video” y dibujos sobre “líneas de tiempo”? Me llamó la atención también que tú no los hagas, ya que eres otro personaje dentro del documental. -La metodología que aplico en el documental combina técnicas clásicas de investigación como la entrevista, la observación, etc. con algunas propuestas que consideré podrían funcionar bien visualmente pero sobre todo de forma creativa. Es así que, pensando en entrar en la intimidad de estas mujeres, es que les propongo que se graben ellas mismas en pequeños videodiarios. El seguimiento se hace durante aproximadamente dos meses con cada una de las 8 mujeres, donde semanalmente me iban contando como habían experimentado su tiempo en esos días. Es un recurso que se ha visto efectivo por ejemplo, en creaciones más colaborativas o de carácter comunitario donde los participantes de los estudios hacen uso de los equipos de registro audiovisual. Además, debo precisar que el acceso al celular como medio de grabación, es algo propio de este momento en el que vivimos. Las tecnologías móviles son algo que en definitiva favorecen la creación del documental tal y como está propuesto. 

El uso de la línea de tiempo sí fue algo que se me ocurre para tratar de plasmar visualmente y de manera tangible, todo aquello que me iban contando en las entrevistas. Era además una forma de que ellas se expresen no solo con la palabra sino con la gráfica, los colores, los materiales que les entregué y con los que libremente ellas podrían crear sus líneas. Todo esto fue muy rico e interesante, todas estuvieron muy entusiasmadas de hacer esa introspección en sus vidas y además de compartir sus experiencias de manera más lúdica. Finalmente, yo no participo de la propuesta metodológica del documental, pues en un inicio tampoco era mi intención participar activamente del mismo. El objetivo era conocer como perciben el tiempo las mujeres de esta generación a través del retrato documental. Pero claro, se hizo más evidente mi presencia pues al yo también pertenecer a este grupo, de alguna forma soy parte de este retrato, un poco al lado de todas ellas. El registro que se logra ver en el documental donde aparecemos el equipo de realización o yo en esta suerte de detrás de cámaras, es algo que no fue pensado así en un inicio. Finalmente se hizo, pues de alguna manera sabíamos que esa conversaciones, esos trayectos en el auto, esos trabajos de mesa en el montaje, podrían ser muy útiles para la narración del documental. Todas en el equipo hemos trabajado de alguna manera haciendo documental, y era un poco instintivo eso de registrar siempre.

Justamente, uno de los momentos claves del documental, conversas con tu equipo de realización sobre el uso del tiempo; así nos enteramos de que fuera de cámaras también trabajas con mujeres, y que casi todas comparten las mismas dudas de tus protagonistas sobre lo limitante que les resulta el tiempo. ¿Esta fue tu intención al incluir estas conversaciones? -En realidad, como explicaba anteriormente, no fue algo planificado a priori. Ese tipo de conversaciones las teníamos todo el tiempo, en reuniones de pre producción, desde un año atrás antes de iniciar las grabaciones, cuando las invito a participar de esta aventura antropológica-audiovisual. En algún momento dijimos, ¿deberíamos estar grabando esto, no? Porque nos dábamos cuenta que nuestras reflexiones coincidían mucho con las de las mujeres del documental. Y era curioso, porque ninguna de ellas forma parte de esa generación, todas son menores. Sin embargo, se sentían claramente identificadas con los personajes. Cada una de ellas tres, con alguna de las tres protagonistas finales. El momento específico donde aparecemos todas conversando es precisamente cuando pudimos ver por primera vez un primer corte, un adelanto que preparamos como avance de mi tesis. Decidimos grabar el momento porque iba a capturar nuestras impresiones de manera muy genuina y así se logró. 

Una de las historias que me conmovió mucho es la de Mónica. Sus motivaciones van más allá del reconocimiento laboral o al apego a una vida familiar propia. Ella enfrenta sus batallas con el tiempo en muchos planos más: la identidad, la pareja, la aceptación social y hasta el arrepentimiento. ¿Te marcaste un límite en este caso? ¿Cuándo sabes que ciertos puntos son sensibles de tocar con tu entrevistada, y que podrían abrir heridas muy personales, pero serían valiosos para el proyecto? -La historia de Mona es efectivamente muy fuerte. Sabíamos que en algún momento saldrían temas sensibles y dolorosos en el proceso, lo conversamos antes de empezar a grabar. Mi premisa siempre fue, todo lo que me cuentes en las grabaciones es posible que lo usemos en el documental en algún momento, por tanto eres libre de no querer contarme cosas que, obviamente yo sé, o de omitir cierta información de los eventos que me cuentes. Afortunadamente ninguna reprimió sus historias, ni dejó de contar algo en específico. Tener la cámara prendida era como tenerla apagada, sobre todo cuando yo iba a grabarlas sola. Todas, las 8 mujeres en realidad, me comentaron lo bien que se sintieron al hacer esta suerte de terapia personal usando la conversación como herramienta. Que además fueron en distintos momentos y eran una buena excusa también para compartir. Cuando iba el equipo a grabar conmigo para crear las líneas de tiempo, ahí si la información podía no tener el mismo nivel de detalle que en las conversaciones. De hecho ninguna de las mujeres del equipo supieron de esos detalles en las vidas de las protagonistas hasta no ver el corte final. En un momento, solo la editora y yo manejábamos esta información, siendo además el trabajo de montaje un proceso muy delicado buscando un balance entre las historias y además, entrando también nosotras en ese proceso de manera muy natural.

Este es un documental particular ya que vemos la construcción de la misma obra; las interacciones con tu equipo de realización son muy interesantes porque conocemos los problemas que acarrea elaborar un trabajo audiovisual. Y tus dudas como directora, las expresas sin reparos. Ahora con la película acabada, ¿cómo miras en retrospectiva todo el proceso? ¿Qué errores no volverías a cometer? -El documental ha sido un proceso catártico y que yo considero muy honesto. Tanto de mi parte como el de las mujeres involucradas. Era fundamental generar un clima de absoluta confianza entre todas, teníamos que sentirnos cómodas con el proceso. Personalmente, a mí me costó un poco mostrarme tan directamente en el documental, me rehusé muchas veces. Pero al conversar con el equipo veíamos que era importante conocer el proceso de realización, que era también mi propio proceso personal introspectivo respecto a mi vida, a mis creencias, mis dudas y ambiciones. Aunque el proceso de grabación ya tiene algunos años, fue recién el año pasado que cerramos oficialmente el montaje. Justamente cerramos la propuesta final un par de días antes de que empiece la cuarentena en el Perú. En ese momento pensamos: “con las justas llegamos”. Y sin embargo, todo aquello que empezó a ocurrir precisamente sobre nuestra nueva percepción del tiempo y el encierro por la pandemia, hacia ver nuestro documental tan lejano, tan ajeno a la realidad, tan distante. Personalmente tomé distancia del documental durante algunos meses un poco por estar en otras actividades y por “no tener mucho tiempo” para dedicarle a la distribución de la película. Recién a fines del 2020 comprendí que esta situación la viviremos un buen tiempo, el documental resultaba ser entonces el perfecto ejemplo de ese momento, de estas mujeres, en sus vidas, que hasta se volvía nostálgico y muy motivador recordar el proceso. Es así que con mi mano derecha en la producción, nos aventuramos a mover el documental por el mundo. En ese camino es que nos damos cuenta de todo lo que necesitábamos tener listo para la distribución. Pensamos, debemos hacer material promocional de la película, hay que subtitularla, etc. Son cuestiones que jamás pensamos en su momento, aunque sabíamos los necesitaríamos no fue nuestra prioridad. El documental además pasa por su propio camino de crecimiento: pasa de ser un resultado que acompaña una tesis escrita, a tener vida propia con los últimos ajustes del montaje, ya fuera de la vida académica, lo que implica otras necesidades como producto audiovisual.

En un video que incluimos en una nota sobre el estreno de tu película en un festival en la India, comentas lo interesante que te parecieron las respuestas masculinas a estos retratos femeninos que propones. ¿Hay alguna que quisieras desarrollar y que propiciaría una reflexión final de tu parte? -Quienes han visto el documental, además de nosotras que somos parte del equipo y de las mismas protagonistas con quienes tuvimos un visionado íntimo, son algunos hombres cercanos a nosotras, sobre todo parejas, padres o hermanos de algunas. Que de alguna manera sabían del documental y de lo que buscaba como parte de mi tesis, pero que nunca imaginaron el resultado. Todos coincidieron en reconocer lo duro que puede ser, ser mujer en esta sociedad. Les llamó la atención la fortaleza de estas mujeres al enfrentar situaciones difíciles siendo tan jóvenes, en un contexto social determinado.  Pero también comprendieron mejor sus miedos y problemáticas propios de su desarrollo como personas pero también dentro del contexto que les tocó vivir como generación. Y que si bien se encuentran ya en un momento de sus vidas donde han alcanzado cierto nivel de madurez, tienen sus recuerdos tan vívidos como si ayer mismo hubiesen sido niñas pequeñas vulnerables y con ansias de crecer.

Por último, sobre los nuevos proyectos: Tengo entendido que tu empresa productora Willay prepara un largometraje documental. ¿Podrías adelantarnos algo sobre ese proyecto u otro que vengas trabajando? -Sí, con Willay estamos produciendo el documental del director Mauricio Godoy, “Buenos días, Wiracocha”, basado en la película “Agripino” (Lindqvist, 1971) desarrollado en la comunidad de Churo, como punto de partida para reflexionar sobre la vida presente en las comunidades, sus hijas e hijos migrantes y la gran diferencia social que aún nos atraviesa. Actualmente está en etapa de pre producción.

También estamos trabajando en una serie web animada de corte educativo dirigido a adolescentes: “Ana y el COVID-19: Pequeñas historias”, donde soy directora y creadora junto con mi colega Carolina Paullo. En la serie me he encargado del guion de los episodios y del diseño sonoro. Es un proyecto que me llena de satisfacción por lo que estamos logrando mostrar, la mirada adolescente de nuestra realidad pandémica actual, y escuchar como sienten y piensan. Actualmente estamos en la producción de la segunda temporada.

Algo más sobre la directora: Paula Chávez López (Lima, 1982) es directora de la empresa audiovisual Willay Audio & Video y productora del estudio de Diseño y Mezcla de sonido cinematográfico Fade Out.
Quince años de experiencia en Sonido Directo y Postproducción de audio en cine de ficción y no ficción, así como en video, radio y productos educativos. Docente en el área de sonido y realización audiovisual en diversas instituciones de formación superior. Magíster en Antropología Visual y Licenciada
en Comunicación Audiovisual con estudios de Ingeniería de Sonido.

Entrevista realizada por Alberto Venero Torres, vía email, el 12 de abril de 2021.