Resulta un poco surreal ver la más reciente película de Pixar en nuestras casas —uno siempre relaciona dichas superproducciones animadas con el cine, con la pantalla grande y la experiencia comunal. Evidentemente, eso es algo que se ha perdido temporalmente debido a la pandemia del Covid-19, pero a la vez, no puedo dejar de pensar que hubiese sido una buena idea que Disney atrase el estreno de “Luca”, como lo ha hecho ya con varias otras películas (animadas y de acción en vivo). Poder ver “Luca” a través de Disney Plus es muy conveniente, de eso no hay duda, pero a la vez, admito que hubiese esperado unos meses sin ningún problema para verla en la pantalla grande. Espero no ser el único que piensa así.

Pero me desvío un poco del tema. El asunto es que “Luca” ha sido estrenada a través de un servicio de streaming —sin tener que realizar un pago adicional, felizmente, como fue el caso del decepcionante remake de “Mulan”, o de “Maya y el Ultimo Dragón”—, por lo que tampoco me voy a hacer de rogar para verla. Y aunque, nuevamente, me hubiese encantado verla en otras circunstancias, no puedo negar que disfruté bastante de esta nueva producción de Pixar. Puede que no sea igual de compleja que “Soul”, o tan emotiva como “Coco”, pero “Luca” igual funciona muy bien como una experiencia familiar sana y entretenida, con un mensaje de inclusión y tolerancia admirable, y la altísima calidad de animación que cualquier fanático esperaría de esta reconocida productora. No es de lo mejor que hayan hecho… pero tampoco es “Cars 2”.

Previsiblemente, el protagonista de la película es Luca (Jacob Tremblay), un monstruo marino que vive con su familia en el fondo del mar, y que se pasa los días pastoreando peces que hacen ruidos de ovejas (lógicamente). Un día, sin embargo, conoce a Alberto (Jack Dylan Grazer), un monstruo de su edad que parece conocer más del mundo, y que lo incita a escapar del mar, cosa que su madre (Maya Rudolph) siempre le había prohibido. Ahí descubre que al salir del agua, tanto él como Alberto cambian de apariencia y se convierten en humanos (lo cual, entre otras cosas, lo obliga a aprender a caminar). Es así que ambos se hacen amigos, saliendo del agua a escondidas, divirtiéndose en la torre que Alberto usa como guarida, y describiendo que el mundo tiene más que ofrecer que lo que Luca ya conocía en el océano.

Pero quieren más, y es así que terminan yendo al pequeño pueblo italiano de Portorosso, donde se hacen amigos de una chica llamada Giulia (Emma Berman), y terminan quedándose en la casa de su padre. Emocionados por montar una motocicleta de marca Vespa, Giulia convence a los dos monstruos en secreto a participar de la Copa Portorroso; si ganan la carrera, tendrían el suficiente dinero como para conseguirse una moto de segunda mano. Las cosas, sin embargo, no serán fáciles; no solo tendrán que vencer al bravucón del pueblo, el odioso Ercole Visconti (Saverino Raimondo), si no que Luca tendrá que asegurarse de que sus padres no lo encuentren, temeroso de que se lo lleven a vivir con su tío transparente en los lugares más recónditos del océano.

Si “Luca” cuenta con un defecto principal, es que se demora demasiado en arrancar. Las escenas en el océano con los padres de Luca son algo previsibles —aunque necesarias para la narrativa—, y en general, nuestros protagonistas se demoran demasiado en llegar a Portorosso, lo cual podría impacientar a varios espectadores (ciertamente me pasó a mí). Es cuando Luca y Alfonso conocen a Giulia que la cinta realmente comienza a brillar, aprovechando al máximo la relación entre los tres —incluyendo cierto componente de celos, incluso—, y convirtiéndose en un filme más centrado en la amistad infantil, la inclusión, y la nostalgia por una época más sencilla. Por algo la historia se lleva a cabo en los años 50 ó 60 —se nota a leguas la melancolía que el director Enrico Casarosa siente por su propia infancia en Italia, lo cual le otorga una cualidad tonal encantadora a la película.

Ayuda, además, que el pueblo de Portorossa se sienta como un lugar vivo y creíble, poblado por toda suerte de personajes memorables —desde dos señoras con un misterioso secreto, hasta el padre de Giulia (y su gato bigotudo), y por supuesto, el desagradable Ercole. Este último cumple el rol de villano principal, y lo hace de buena manera, comportándose como un todo un patán, y recurriendo a toda suerte de trucos y trampas para eliminar a quienes considera como la competencia. No esperen demasiadas sutilezas en la caracterización de los personajes, sin embargo — “Luca” es más “Bichos” o “Monsters Inc.” que “Soul” o “Intensa-mente”, y por ende se siente más caricaturesco y exagerado de lo que Pixar nos tiene acostumbrados.

Esto último se ve reflejado, también, en el estilo visual del filme. Alejándose un poco del impresionante realismo que nos han otorgado algunas de sus más recientes producciones, Casarosa y su equipo han decidido desarrollar un mundo más colorido y de formas más redondas, claramente inspirado en varias técnicas de la animación tradicional en 2D, y hasta en las películas del gran Hayao Miyasaki. El resultado es una película que, como toda producción de Pixar, luce magnífica, pero de manera menos revolucionaria u obviamente impresionante. El diseño de los personajes, de hecho, es donde brilla “Luca” —el trío protagónico es francamente adorable, y el pueblo de Portorossa y sus alrededores luce como un lugar en el que a cualquiera le encantaría vivir.

Narrativamente hablando, “Luca” no es la película más compleja que Pixar haya estrenado —no maneja conceptos abstractos o difíciles de explicar, como “Intensa-mente” o “Soul”, y no intenta manipular las emociones de sus espectadores de maneras desgarradoras, como “Coco” o hasta “Toy Story 4”. De hecho, sorprende el que uno no termine llorando con esta película; tiene sus momentos emotivos, sí, pero no termina siendo tan lacrimógena como algunos de los ejemplos mencionados. En ese sentido, “Luca” sí llega a sentirse como una suerte de desviación para la gran empresa de animación. Hasta el reparto de voces es relativamente humilde; todos hacen un excelente trabajo caracterizando a sus personajes, pero las figuras más famosas son Jacob Tremblay, Maya Rudolph (quien también trabajó en la increíble “La familia Mitchell vs. Las Máquinas”) y Sacha Baron Cohen (quien aparece en una suerte de cameo vocal).

Si esperaban ver algo con la potencia emocional o la complejidad narrativa de las mejores películas de Pixar, lo más probable es que queden algo decepcionados con “Luca”. Esta propuesta es un poco más sencilla, con un conflicto menos amplio, y con caracterizaciones un poco más simplificadas. El resultado final, felizmente, no es deficiente —de hecho, fuera de “Cars 2” (tenía que mencionarla otra vez), se puede argumentar que la gente de Pixar es incapaz de hacer una película verdaderamente mala. Y de mala “Luca” no tiene nada. Lo que es, más bien, es una cinta visualmente encantadora, con personajes divertidos, varias secuencias emocionantes (y no muy violentas), y un mensaje final loable. Es algo, pues, que me hubiese fascinado ver en el cine, pero que resulta muy entretenido de ver en casa (y si es posible, en familia).