Me queda claro que los musicales no son para todo el mundo, pero habría que ser particularmente frío o apático para no sentir algo durante alguno de los momentos más emotivos o esperanzadores de “En el Barrio”. Lo que tenemos acá es una adaptación del famoso musical de Broadway creado por Lin-Manuel Miranda —sí, el mismo de la increíble “Hamilton”. Y aunque no se puede decir que “En el Barrio” llegue a ser igual de compleja, memorable o bien estructurada que dicho fenómeno mundial, tampoco cuesta mucho encontrar el sello tan reconocible de Miranda, un compositor y letrista verdaderamente talentoso. Y lo bueno, además, es que no es necesario saber sobre la historia norteamericana para poder entender la trama de esta película.

“En el barrio” tiene como protagonista a Usnavi (Anthony Ramos), un joven de casi treinta años que vive en el barrio latino de Washington Heights en Nueva York. Días antes de un famoso apagón que ocurrió en la vida real, vemos a Usnavi trabajando en su bodega junto al joven Sonny (Gregory Díaz IV), ahorrando todo su dinero para regresar a su país de origen, República Dominicana, y reabrir el antiguo bar de su finado padre. En EE UU tiene a Sonny y a la abuela Claudia (Olga Merediz) y a todo un barrio que lo quiere, pero desde hace años siente que su futuro está en el país de sus padres.

Solo hay algo que podría acabar con estos sueños: Usnavi está perdidamente enamorado de la creativa Vanessa (Melissa Barrera), y le cuesta mucho trabajo confesarle sus sentimientos. Por su parte, ella sueña con trabajar en el mundo de la moda, pero se tiene que contentar con su trabajo en una peluquería. Ambos tienen sueños propios y ambiciosos, y no son los únicos: el tema principal de “En el barrio”, de hecho, es el de los sueños, desde los ya mencionados hasta los menos literales. Tenemos, incluso, a Dreamers (chicos indocumentados) como Sonny, o a gente como la joven Nina (Leslie Grace), hija del exitoso empresario Kevin (Jimmy Smits), que se fue del barrio para perseguir sus sueños, y luego regresar algo decepcionada. “En el barrio” es una historia sobre sueños cumplidos, sueños por cumplir, y hasta sueños rotos; gente con ambiciones, tanto dentro de su barrio, como fuera de él.

No obstante, la mayor parte del público conoce a “En el barrio” como un musical, y en ese sentido, se trata de una propuesta cumplidora. A diferencia de “Hamilton”, ninguna canción se quedó grabada en mi cerebro por horas y horas, pero la mayoría son suficientemente enérgicas y alegres, como para funcionar en el momento. Disfruté más de aquellas que avanzaban la historia o nos decían algo importante sobre los personajes; aunque muchas de las composiciones de la obra de teatro han sido eliminadas para esta adaptación, algunas de las “menos necesarias” igual han sido incluidas. Ya saben, aquellas que solo están porque son “bonitas”, pero que detienen a la narrativa de manera anticlimática, o resultan algo absurdas en el contexto de la historia (por ejemplo, el tema musical final de la abuela Claudia, que aparentemente se lleva a cabo enteramente dentro de su cabeza).

Lo cual no quiere decir que sea imposible disfrutar de los números musicales. De hecho, la coreografía en “En el barrio” es impecable, aprovechando al máximo la mezcla de distintos géneros musicales latinos, para hacer que los personajes principales y secundarios, y hasta los extras, se muevan con mucha energía y con una sincronización impecable. Destaca un número musical en una piscina pública, así como la primera canción, apropiadamente llamada “In the Heights” (el título original del filme en inglés). Puede que una canción que trate sobre “¿qué harías si ganaras la lotería?” no me resulte particularmente encantadora, pero la manera en que es presentada por el director Jon M. Chu ciertamente ayuda a que uno se energice y hasta tenga ganas de bailar.

No obstante, no se puede negar que la película termina siendo demasiado larga, especialmente considerando que es una experiencia relativamente ligera, más interesada en las relaciones entre personajes, que en desarrollar una trama particularmente intrigante. Sé que esto es sacrilegio para los fanáticos del teatro musical, pero un par de canciones más debieron ser eliminadas para que el producto final fluyese mejor —me encanta, por ejemplo, que la película cuente con un cameo del mismísimo Lin-Manuel Miranda, pero su número musical no podría ser más irrelevante para la trama. A veces, menos es más, y siempre hay que aceptar que el cine y el teatro son medios completamente diferentes, y por ende, con requerimientos distintos.

Por otro lado, vale la pena mencionar que las actuaciones son todas de buen nivel, y ayudan a que uno empatice con los personajes y que, como se mencionó líneas arriba, se sienta emocionado durante los momentos apropiados. Anthony Ramos interpreta a Usnavi con una buena mezcla de inocencia y confianza en sí mismo, convirtiéndolo en un protagonista ocasionalmente frustrante, pero fácil de querer. Melissa Barrera es magnética como Vanessa, desarrollándola como una chica con muchas ambiciones, pero que también duda mucho de sí misma. El gran Jimmy Smits (el mismísimo padre putativo de la Princesa Leia) destaca como un hombre que solo quiere lo mejor para su hija, interpretada por una carismática Leslie Grace (la futura Batichica). Y actores conocidos como Stephanie Beatriz (“Brooklyn Nine-Nine”), Corey Hawkins, y hasta Marc Anthony (como el padre de Sonny) completan un reparto atractivo y lleno de talento.

Por más de que no se haya convertido en un fenómeno mundial, como “Hamilton”, entiendo de dónde viene la popularidad de “En el barrio”: se trata de una historia de esperanza, en donde gente con (aparentemente) pocas oportunidades, logra cumplir sus sueños, atravesando adversidades, muchas de ellas relacionadas a la discriminación que sufre la población latina en los Estados Unidos (el rol de Nina es particularmente importante para esto último). Las canciones son enérgicas, y (generalmente) alegres, los bailes están expertamente coreografiados, y la dirección de Chu es sólida y confiada. Puede que le sobren algunos minutos (y canciones), y que la trama no sea la más compleja del mundo, pero “En el barrio” igual termina funcionando muy bien como un colorido y entretenido musical que, encima, cuenta con comentario social relevante. ¡Cómo me hubiese encantado verlo en la pantalla grande! Todo bien con el streaming, pero hay películas que, por más de ser algo fallidas, simplemente fueron hechas para el cine. Algún día…

“En el barrio” se encuentra disponible en el servicio de streaming HBO Max.