El año 2017 se inició un nuevo festival de cine en el Perú, el Festival Internacional de Apropiación Audiovisual MUTA, que presentó una propuesta desusada en el panorama nacional: películas construidas a partir de la apropiación de materiales, usando técnicas como la animación, el collage o el found footage. A decir verdad, fue una propuesta arriesgada, tomando en cuenta que lidiamos con audiencias que esperan un cine más industrial, de entretenimiento, con abundancia de giros narrativos, con énfasis en la historia.

En ese panorama, MUTA apostó por una vertiente radical, sumando ciclos especiales, focos de cineastas poco conocidos, invitados especiales, y a ello le sumó talleres y espacios de aprendizaje. De esa manera, se ha sostenido en pie llegando a su quinto año y esta vez, ofrece también una serie de programas, talleres y focos que vale mucho la pena explorar. El festival va hasta el 12 de septiembre y se puede seguir en la web oficial mutafestival.com.

Para conocer más de este festival conversamos con su director Efraín Bedoya Schwartz.

El equipo que hace posible MUTA, de izq. a der.: Elisa Arca, Alicio Harriet, Verónica Ríos, Efrain Bedoya, Milagros Távara,
Natalia Rey de Castro, José Sarmiento y Andrea Tudela

¿Cómo nació el festival MUTA? ¿Qué los animó a plantear un festival en cierto modo atípico en nuestro panorama?

Precisamente, a fines del 2016 identificamos que había un tipo de lenguaje audiovisual que no estaba siendo explotado del todo por los festivales existentes. Si bien se incluían películas experimentales en algunos espacios peruanos, no existía un evento que reuniera exclusivamente cine experimental, y más precisamente cine de reapropiación, que trabajase bajo la premisa del collage, tomando imágenes y sonidos de distintas fuentes, mezclando libremente archivos propios o ajenos. Pensábamos, además, en este como un tipo de cine más asequible, para el cual no necesitabas más que un banco de imágenes y sonidos, un software de edición y una idea. Queríamos crear un espacio para ver y crear desde la experimentación de estos elementos, por eso creamos MUTA y desde el inicio supimos que además de las proyecciones debíamos impulsar fuertemente el lado formativo, con talleres prácticos, laboratorios y charlas. Eso hemos hecho hasta ahora.

¿Quiénes están a cargo del festival? ¿Han ido cambiando de equipo o se han mantenido a lo largo del tiempo?

Milagros Távara y yo, Efraín Bedoya Schwartz, creamos el festival en el 2017. Desde entonces el equipo que nos acompaña se ha mantenido más o menos igual, al menos la estructura principal del festival. Actualmente dirijo el festival y me acompaña Natalia Rey de Castro en la producción general, quien es la principal artífice de al menos las dos últimas ediciones. Milagros Távara continúa en distintas labores, Elisa Arca en coordinación de contenido editorial, José Sarmiento se encarga de la programación, y Verónica Ríos y Alicio Harriet coordinan las diversas actividades que organizamos.

Este año ofrecen una propuesta variada de exhibiciones y espacios de formación. ¿Nos puedes señalar los puntos más importantes del programa?

Este año, en una feliz coincidencia, tenemos la mayor parte de nuestras actividades formativas dedicadas al vínculo del cine con el fanzine, el collage y la animación experimental. Nuestras invitadas Gloria Vilches y Elena Duque dictan un taller práctico de fanzine pensado desde el cine, bajo los conceptos de secuencialidad del cine, naturalmente en contacto con imágenes fijas. Además, en esa misma línea, presentamos una exposición virtual de una serie de collages de Gloria, y una playlist de “hits” del collage y la animación experimental, seleccionada por Gloria y Elena, con un repaso de los referentes más relevantes de estos géneros. Ambas se pueden ver en nuestra web. Por otro lado, Kelly Gallagher, otra de nuestras invitadas internacionales de esta edición, dicta un taller de animación, con técnicas manuales y digitales. Por último, Malena Souto Arena, curadora e investigadora dedicada al cine y la instalación audiovisual, presenta un seminario y una clínica de proyectos para propuestas de artistas o curadores que tengan entre manos, en idea o desarrollo una instalación audiovisual con material de archivo, que es uno de los elementos cuyo uso destacamos cada vez más en el festival.

La película inaugural es “Su sonrisa socialista”, extraordinario largometraje de John Gianvito, que aborda el personaje de Helen Keller. Una película con miradas políticas y estéticas muy claras. Cuéntanos un poco de la película y por qué la eligieron como película inaugural.

Cito aquí a José Sarmiento, programador del festival quien seleccionó la película de Gianvito para abrir MUTA este año: “La película de John Gianvito trabaja en dos niveles sobre el personaje de Hellen Keller. Keller es recordada como esta gran mujer que, a pesar de sus discapacidades, supo sobrellevar y superar sus limitaciones con ayuda de Anne Sullivan, quién le enseña a escribir y leer. Ella se convierte en una gran activista por su rol con la gente de capacidades especiales. Pero Gianvito trabaja el lado de activismo político de Keller, que fue una socialista abocada a su causa. Curiosamente, desde este lado es que Keller es menospreciada, se le quiere ignorar y relegar a “dedicarse a cuestiones que le competen”. Gianvito destaca el gran rol y las ideas socialistas de Keller y lo hace de una manera muy particular, prestándole la voz a una narradora que vemos en pantalla y jugando con espacios vacíos e intertítulos, trasladando esta dicotomía entre la discapacidad del personaje y el poder de su pensamiento y palabra. Es una película magnífica”.

Sentimos curiosidad por la sección “Catorce variaciones de lo íntimo” que, según sabemos, es una exploración en archivos peruanos. Cuéntanos un poco más de eso.

Catorce variaciones de lo íntimo es un proyecto al que le tenemos mucho cariño y es, además, un proyecto largamente anhelado. Hace unos años, Elisa Arca y yo pensamos en pedirle a realizadores de diversas partes del mundo, a quienes habíamos programado en el festival o no, que hicieran un cadáver exquisito a partir de unos metros de celuloide que nosotros le entregaríamos y que debía viajar por el mundo hasta volver al Perú, en donde sería proyectado durante las fechas de MUTA. El proyecto estaba inspirado en el arte correo. Claramente la logística y el presupuesto que suponía llevar a cabo esto nos sobrepasaba así que pusimos el proyecto de un cajón. A fines del 2019, mientras empezábamos las gestiones de la cuarta edición (2020) retomamos el proyecto y encargamos a José Sarmiento y Stephen Broomer la curaduría del mismo. Esta vez bajo la forma que tiene actualmente: un grupo de realizadores cercanos al festival, programados y no, tendrían a disposición un archivo digital de una colección de películas en celuloide. Empezarían cada quien su obra y se lo mostraría al siguiente para que este, a su vez, elaborara su pieza a partir de lo visto. Una suerte de correspondencia, que generaría un diálogo y un conjunto de cortometrajes con cierta unidad o al menos vasos comunicantes. El archivo que elegimos fueron 42 rollos de Super 8 cedidos por el proyecto Cine Íntimo, que poseen decenas de registros de familias peruanas en 8mm, Super 8 y 16mm, entre la década del 50 y 70. Gestionamos la digitalización de estas cintas en 2K, gracias al apoyo de la Elías Querejeta Zine Eskola y la labor de Lorena Escala como operadora del escáner. Este repositorio digital de imágenes, cargadas de eventos y paisajes peruanos, fue tomado por diversos artistas para remontar piezas muchas veces contemplativas, psicodélicas, espirituales y poéticas, en un ejercicio colectivo de reapropiación del material peruano.

Este proyecto, en forma de Work in progress, será presentado durante la clausura del festival y estamos muy contentos de que vea finalmente la luz.

¿Nos puedes contar un poco del panorama local? Es decir, ¿han observado si hay un avance en el uso de la apropiación de materiales y la elaboración de obras a partir de ellas? ¿Nos puedes mencionar algunas obras y autores por ver?

Nos hicimos esa misma pregunta cuando empezamos el festival. Nos interesaba saber qué se estaba haciendo o qué se había hecho en Perú vinculado a la apropiación audiovisual, así que preparamos un programa nacional, digamos, histórico, que abarcaba las últimas dos décadas y que titulamos Peruanos (in)apropiados. Si bien pudimos haber hallado más escarbando en décadas pasadas (dudamos mucho sobre si incluir o no, por ejemplo, Vía Satélite, en vivo y en directo, el cortometraje de Armando Robles Godoy de 1973), decidimos enfocarnos en la producción posterior al 2000. Y lo que presentamos fue un programa en el que participaban tanto cineastas como artistas visuales, pues desde el videoarte se había gestado propuestas bastante potentes, como la obra de Maya Watanabe, Marco Pando, Paola Vela y Gabriel Acevedo. Desde la margen del cine, o al menos desde aquellas obras habitualmente presentadas en salas de cine, destacaban realizadores jóvenes como Carmen Rojas, Diego Vizcarra o Felipe Esparza. En las ediciones siguientes, aunque sin ser abundante la producción en el género como en otros países de la región, se fueron repitiendo nombres, en su mayoría mujeres, que trabajan reutilizando materiales de archivo, ya sean digitales o analógicos, como es el caso de Nicole Remy, Ivonne Sheen, Alejandra Morote e Irma Cabrera Abanto. Esto nos hace pensar que existe un interés mayor por trabajar bajo estos modelos de producción, algo que la pandemia sin duda atizó al imposibilitarnos salir de nuestras casas, generando una dependencia cada vez mayor a las pantallas de la computadora. No obstante ello, pareciera existir un ánimo general, una preocupación por volver sobre lo ya visto, el archivo y la sobreproducción de imágenes, y detenerse. No es un movimiento mayoritario, pero si el de un grupo de gente que busca formas de expresar con un lenguaje y mecanismo más personales, incluso artesanales, que este tipo de propuesta audiovisual brinda.

Ahora que están llegando al quinto año de existencia, ¿cuáles son los logros obtenidos y cuáles los retos hacia adelante?

Esto es muy difícil de responder desde adentro, pero creo que hemos colaborado en darle lugar y fomento a propuestas audiovisuales menos convencionales, en otorgar herramientas a personas que buscan experimentar con los talleres y laboratorios. También en volver la mirada sobre los archivos. Claramente, no es esta la senda de la preservación, que en nuestro país tiene un camino muy largo y muchos más retos por superar, pero desde la creación, el metraje encontrado o el collage puede verse el archivo como un elemento vivo y sumarle un motivo más a la importancia de su preservación. Y otro es la exhibición, en un país como el nuestro que no tiene una sola escuela de cine integral, con una propuesta de educación amplia, los festivales pequeños como el nuestro y su programación ayudan a la formación de gente que busca lenguajes de expresión que escapen a los parámetros de festivales convencionales y que tampoco encuentra en aulas de clase, porque simplemente no las hay. Tal vez este sea nuestro aporte, y para el futuro nos queda seguir consolidándonos como un espacio útil a esos fines, poder descentralizar más contenido dentro del país, fortalecer las redes con espacios similares en la región y sobrevivir, como proyecto cultural y equipo humano, a la pandemia, que es de lejos el mayor reto que tenemos todos actualmente.