Bajo el título “Cine: opinión y chisme”, que era el nombre dado a una de sus columnas de opinión, este libro reúne por primera vez los textos publicados por la poeta Blanca Varela Gonzales (1926-2009) en la revista Oiga durante los años de 1962 a 1965. En estos textos, firmados en ocasiones con el seudónimo de Cosme, directores y actores como Orson Welles, John Wayne, FedericoFellini, Jean-Luc Godard, Cantinflas, Sophia Loren, Ingmar Bergman, Marilyn Monroe o Paul Newman son motivo del comentario de Varela.

“Cine: opinión y chisme” ofrece pues una nueva entrada hacia las premisas estéticas detrás de la obra poética de Varela y también otra oportunidad para ver o volver a ver más películas.

Sobre el libro

Cine: opinión y chisme
Autora: Blanca Varela
Editor: Jorge Valverde Oliveros
Edición: Isegoria
Dimensiones: 14.5 x 20.5 cm
Páginas: 105
Precio regular: S/ 39.00
Puntos de venta: Librerías y La mirada que soy

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Como adelanto, a continuación republicamos una de las columnas escritas por Blanca Varela, en la que comenta el filme italiano “Los desconocidos de siempre”, de Mario Monicelli:

Los desconocidos de siempre 

I soliti ignoti (1958)

De Mario Monicelli

Con Vittorio Gassman, Claudia Cardinale y Marcello Mastroianni.

Con verdadero placer se ha vuelto a ver en Lima esta excelente película de Mario Monicelli. Aparte del espléndido reparto, de las impecables creaciones que realizan cada uno de los actores, de la concepción satírica del tema, lo que más nos seduce en este film es la profunda, generosa naturalidad con que se ha plasmado el absurdo de la realidad. No es fácil, y Monicelli lo consigue desde las primeras imágenes, meter al público dentro de una historia de este género y hacerlo partícipe, hasta el punto de comprometerlo en la aventura de sus desconocidos.

En un mundo de miseria y privaciones, en una sociedad de parias, la esperanza adquiere cualquier rostro. Los personajes de Monicelli son a la vez contemporáneos y míticos; tienen todos los vicios y todas las virtudes de la especie; fracasan ridícula, heroicamente, y pasan de las quimeras a la realidad y viceversa con la sabia resignación de quien acepta los fenómenos naturales, el sol y la lluvia, la vida y la muerte, el botín o la sopa de garbanzos.

En todo caso Monicelli logra, con algo que puede tomarse como una farsa, hacernos dudar de todo lo establecido gracias a lo que podríamos llamar la imagen sin comentario. Si nos conmovemos o nos reímos frente a los ajetreos, desplantes, errores y problemas de sus torpes ladrones, es debido a que reconocemos en cada uno de ellos y en cada uno de sus actos algo terriblemente familiar y cierto, algo que nos obliga a aceptar como a nuestros más próximos y entrañables semejantes, a todos los desconocidos de siempre.                                                                                                 

Revista Oiga, número 84 del 23 de julio de 1964.