Después de un largo proceso de realización que tomó nueve años, la cineasta Delia Ackerman Krikler (Lima, 1960) estrenará el documental “Hatun Phaqcha, tierra sana” este 11 de noviembre, en las plataformas digitales Google Play, iTunes, Microsoft, Klic y Total Play, tras su presentación en la sección Hecho en el Perú del 25 Festival de Cine de Lima (donde ganó el premio del público y el premio de la comunidad PUCP), así como diversos festivales internacionales.

Conversamos con la directora sobre su motivación para llevar a cabo esta película que pone de manifiesto la importancia nutritiva de los alimentos nativos del Perú, los retos más grandes durante la producción y el rodaje, la elección del ecléctico grupo de entrevistados y colaboradores, entre otros temas.

Delia, ¿qué te motivó a hacer este documental sobre el potencial nutritivo de los alimentos nativos del Perú?

Durante siglos nos hemos preocupado por tener una “mens sana in corpore sano” (una mente sana en un cuerpo sano). Ha llegado el momento de darle la debida importancia a tener un “corpus sanum in sanus solo” (un cuerpo sano en una tierra sana).

La idea de realizar este documental nace de una preocupación persistente por la salud y por la protección de los recursos alimenticios, tan deliciosos y nutritivos de nuestro país. Corremos el riesgo de perder nuestra identidad alimenticia a pesar de contar con estos productos privilegiados. El propósito de este documental es dar a conocer la riqueza y variedad de recursos alimenticios y también difundir la continuidad de su uso en todos los sectores del Perú. El documental tiene como objetivo promover la preservación, el cultivo y las mejores formas de consumo de estos súper alimentos que conforman la rica biodiversidad del Perú. La difusión de los conocimientos sobre el poder nutritivo de estos alimentos y su preservación, podrá ayudar a combatir los altos niveles de desnutrición en el Perú y en todo el mundo.

¿Cuánto tiempo te tomó la realización del documental, desde su concepción hasta su estreno?

Fueron nueve años. Toma un largo tiempo desarrollar un proyecto de esta clase. En un país como el Perú, centro original de tantos productos súper nutritivos, la investigación, la pre producción y las filmaciones podían ser infinitas y había que enfrentar las dificultades, sobre todo económicas. Hubo que viajar para hacer contactos. Fueron muchas entrevistas a personajes, una enorme lista de temas, conseguir financiamiento para la producción, el rodaje, la post producción y ahora el lanzamiento. Sin embargo, nunca perdí la convicción de seguir adelante, pese a todo.

Una escena del documental “Hatun Phaqcha, tierra sana”.

La película presenta una gran variedad de entrevistados, entre agricultores, biólogos, cocineros, arqueólogos y nutricionistas. ¿Cómo fue el proceso de selección de estos expertos en distintas áreas?

Consideré indispensable para el documental hablar con científicos que explicaran el origen y la importancia de la biodiversidad en el Perú, su origen milenario y su profunda relación con las tradiciones culturales, la importante -y a menudo ignorada- labor de los campesinos peruanos, que han preservado esa riqueza cultural y alimentaria a través de varias generaciones. Fui asesorada por muchas personas.  Así fui conociendo a los científicos y académicos que han recogido y valorado esas enseñanzas, a los cocineros dedicados a divulgar esas prácticas y conocimientos para mejorar la alimentación de los peruanos, a los operadores sociales y políticos comprometidos con el futuro de los pequeños agricultores. Sonia Guillén, arqueóloga, nos habla de la cultura Chiribaya, en Moquegua, y de cómo en los fardos funerarios se encuentran semillas y alimentos como pallares, frijoles, yuca, papa, jícama, camote, achira, totora, zapallo, guayaba, lúcuma, quinua, algarrobo, coca y maíz. El hombre precolombino adoraba la fertilidad de la tierra, el prodigio diario del que dependía su salud y su vida entera y domesticó plantas y cultivos, patrimonio histórico y cultural conquistado hace miles de años, un privilegio que pocos aprecian o reconocen hoy. La narración del film habla sobre la relación atávica del hombre y la tierra, la veneración y el culto a la tierra en el antiguo Perú, que se mantiene vigente hoy en día.

Campesinos y especialistas consultados dan claras respuestas a esta interrogante: No, ésta no es una lucha perdida; se puede hacer mucho para salir de la crisis. Hay historias de éxito que demuestran que la pequeña agricultura no solo es viable, sino que resulta indispensable para nuestra supervivencia.

Santos Pinedo, campesino de la comunidad de Yanucancha, en Apurímac, a 3500 metros sobre el nivel del mar, nos muestra las riquezas de su hermosa chacra: quinua, yacón, aguaymanto, arracacha, etcétera. Mientras lo vemos sacar algunos productos de la tierra, lo escuchamos: la tierra nos ofrece alimentos diversos, y tenemos que cuidar esa biodiversidad. Santos y los otros comuneros se han capacitado para conservar el medio ambiente, haciendo andenes y utilizando fertilizantes naturales, no químicos, para proteger la salud de los suyos.

Los temas fueron sugiriendo naturalmente a quiénes debía entrevistar, quiénes serían los protagonistas de la película: todos ellos son actores importantes de esta historia. Sin embargo, el punto de partida fueron siempre los agricultores, los héroes anónimos de nuestra historia, los que merecen todo el apoyo, reconocimiento y gratitud de los peruanos.

Filmaste la película en distintos departamentos y regiones del país, a distintos pisos altitudinales. ¿Cuál fue el principal reto durante el rodaje?

El primer reto fue y es conseguir fondos. Comprometer a los entrevistados con el proyecto fue orgánico, se dio con mucho amor y estoy muy agradecida por ello. Lo mismo, el equipo de profesionales que me acompañó en esta aventura, durante este largo tiempo, se entregó al proyecto con pasión e inspiración. Este trabajo es de equipo y se crea una familia. En este caso son varias familias, la del equipo de producción y la de los protagonistas del documental.

Viajamos a lugares de distintos pisos ecológicos y paisajes, la diversidad era justamente lo que buscábamos. Nuestro primer viaje fue a Laraos, la sierra de Lima y filmamos a los “custodios de la papa y otros cultivos”, las andenerías con cultivos precolombinos de papa, maíz y otros como la arracacha.

Viajamos a Huánuco más de una vez. La primera, para participar del ‘Muru Raymi’, cuya traducción literal del quechua es ‘Fiesta de semillas’, una fiesta de la agrobiodiversidad, una ceremonia en la que participan comunidades de las diferentes alturas de Huánuco, para intercambiar y compartir sus productos y semillas. Había algo esperanzador en los rostros de los pobladores, miradas cargadas de interrogantes y manos llenas de productos de múltiples formas, colores, sabores y bondades. La segunda, con Juan Torres, esa vez presenciamos el desarrollo del proyecto que él dirige en escuelas en Huánuco, Salón de semillas, a través del cual busca crear conciencia entre los niños sobre la importancia de la agricultura y la conservación de nuestros recursos naturales. Los conocimientos ancestrales entran a los salones de colegio, sostiene Torres, rompiendo la barrera de prejuicios y se exhiben fotos de los campesinos de la zona a los que los alumnos califican como héroes.

El mayor reto fue que tenía muy poco tiempo en cada sitio y las distancias son muy largas, los temas eran tantos, las plantas eran muchas. Había que elegir. He viajado por la Amazonía, estuve en Iquitos y Madre de Dios, en Puno, Cusco, Piura, también en Ilo, Moquegua. En el norte, por ejemplo, me quedé con muchas ganas de ir a las alturas de Piura y no lo logré. El traslado a lugares no ha sido fácil.

Hubo grandes retos, como cuando fuimos a Caraz a filmar el tardía o a la comunidad de Santa Teresita en Madre de Dios. Sentir la pobreza, el hambre, las carencias, esa paradoja. El maravilloso tarwi, que posee un alto contenido de proteínas, probablemente el vegetal con más proteínas que existe y los habitantes que lo cultivan no pueden consumirlo, no tienen el agua que se requiere para lavarlo, el agua está contaminada o sucia. Igual en Madre de Dios, donde la minería ilegal contamina los ríos, la vida. Todo era muy doloroso, pero a la vez quería celebrar la riqueza de nuestra tierra, esa que nos cura y que nos sana. Por eso el título de la película es un poco de denuncia, pero también de celebración.

Hubo dificultades logísticas y operativas, ligadas a los viajes, a las distancias, a los pocos recursos. El tiempo que tomó hacerla se explica por las dificultades económicas. Los apoyos del crowdfunding, de algunas empresas y de Ibermedia empezaron a sumarse, poco a poco.  Fue el apoyo de la Universidad de Lima, que entró en coproducción, lo que me permitió terminar la película.

La cineasta peruana Delia Ackerman.

La introducción y el epílogo de la película presentan la lectura de un texto poético, trabajado junto a Omar Aramayo. ¿Cómo decidiste que ese sea el inicio y el fin de la película?

Mi inspiración inicial sobre el tratamiento de la película, fue el tono que usa Terence Malick en “La delgada línea roja” y en casi todas sus películas. Hubo muchas dudas para encontrar el lenguaje del documental. Al final decidí darle una introducción y una coda poéticas, casi panteístas, haciendo que la Tierra y los astros dialogaran como criaturas o espíritus. Hay cierta conexión entre ese pensamiento mágico y los rituales consagrados a la Mama Pacha, presentes en el Perú desde tiempos milenarios y practicados aún hoy, como se ve en la película.

La elaboración de los textos fue interesante. Todo lo escrito por Omar Aramayo fue bello, pero fue reduciéndose y tomando forma hasta llegar a encontrar mi propia voz. Para recitar esos textos trabajé con Teresa Ralli.

En las versiones en inglés y francés, esos textos poéticos son narrados por la reconocida actriz portuguesa Maria de Medeiros. ¿Cómo se involucró ella en el proyecto?

Ella es una gran amiga y me gusta mucho su tono de voz, su dulzura y su capacidad interpretativa. Sabía que un proyecto así le gustaría y no me equivoqué, se involucró desde el comienzo y no dudó en prestar su voz para la versión en francés e inglés.

El documental también aborda la gran paradoja de los altos índices de anemia en un país donde hay una gran riqueza de biodiversidad. ¿Qué cambios consideras que se necesitan a nivel de los sectores público y privado para mejorar esa realidad?

He intentado resaltar el respeto a la alimentación ancestral que todavía está viva en el Perú. Hay retos ambientales ecológicos, como el cambio climático. Tenemos la posibilidad de cambiar las cosas, de comer sano, de valorar a nuestros agricultores y sus productos y hacer que crezca la demanda de lo que producen.

Espero que mi película genere un espacio para conversar sobre estos temas tan urgentes y necesarios, que contribuya a crear consciencia y estimular el compromiso. Muchas de las ideas las dicen los protagonistas en mi documental, como Roberto Ugás, que propone que haya una institución que mida cuánto de biodiversidad estamos comiendo y que nos digan año a año cuanto más hemos comido.

A través de debates y proyecciones del documental, esperamos crear conciencia entre la población y autoridades para generar políticas que permitan revalorar el trabajo de los campesinos, informar y poner al alcance de la población las bondades de estos súper alimentos, despertar conciencia sobre la necesidad de conservar la agro-diversidad, las oportunidades que nuestra tierra nos da para redefinir la forma de alimentarnos, mejorando nuestra calidad de vida, sobre todo en los niveles con problemas más críticos de nutrición.

La razón de por qué hemos hecho esta película ha sido generar una llamada a la acción para que el espectador observe el patrimonio genético y alimenticio que ha sido atesorado y transmitido por generaciones y busque la forma de contribuir a preservar y evitar su olvido.

La rica agrodiversidad que heredamos de nuestros antepasados, ¿está condenada a desaparecer? ¿Fue nuestra aspiración un sueño? ¿Estamos ante una batalla perdida?

Luego de ganar el premio del público en el Festival de Lima, llega el estreno en plataformas VOD. ¿Tienes planeado enviar la película a otros festivales de cine o a plataformas de streaming por subscripción (Netflix, Prime Video, etc.)?

Este documental es ganador de otros importantes reconocimientos, como el de la comunidad PUCP en el Festival de Cine de Lima 2021, el premio al medio ambiente en el Toronto Women Film Festival, finalista del Vancouver Film Festival y del Procida International Film Festival, seleccionada en los Festivales: Seff-Smaragdni Eco Film Festival, Suncine Environmental Film Festival, Spirit Film Festival, The Latino & Iberian Film Festival at Yale (LIFFY), y Princeton Environmental Film Festival, Women’s International Film Festival, Cannes International Cinema Festival, entre otros.

Las plataformas online en que estará disponible el documental, de la mano de Tondero Distribución desde el 11 de noviembre son: Google Play, iTunes, Microsoft, Klic y Total Play, en las cuales el usuario podrá alquilarlo para disfrutarlo en casa.

A partir del 18 de noviembre estará en: Izzi, Cablemas, Cablevision Monterrey, Easy TV, Megacable, VTR, Mooboo (Box), Nuevatel, Jupiter, CNT, E Networks, Andes Films, Castway, Cablenet Dominicana, One Play y Digicel.

Entrevista realizada por Juan Carlos Ugarelli, el 31 de octubre de 2021, vía email.