Un mundo para Julius (1970) es una de las obras más leídas y reconocidas de la literatura peruana. La novela de Alfredo Bryce Echenique ha encandilado a varias generaciones de lectores durante décadas e incluso llegó a ser considerada la mejor novela peruana de todos los tiempos. Más de 50 años después de su publicación, se estrena finalmente su esperada adaptación cinematográfica.

La directora y guionista Rossana Díaz Costa (Viaje a Tombuctú) asume el reto de trasladar del papel a la pantalla el relato de Julius, un niño que crece en la Lima aristocrática de los años 50, en el seno de una familia disfuncional en la que no halla la misma conexión emocional que con su nana Vilma y el resto de trabajadores y empleados con los que interactúa día a día.

El guion de Díaz Costa se concentra en mostrar el mundo de desigualdades sociales que describe Bryce en la novela. A través de los ojos de Julius, se contrasta la burbuja vistosa pero vacía en la que viven su familia y amigos; con las injusticias y humillaciones a las que se enfrentan tanto los empleados de su mansión como el niño huérfano de su colegio, que tiene menos recursos económicos que sus demás compañeros.

Sin embargo, aunque algunos temas de la novela se materializan en la película, un aspecto crucial que se pierde en la adaptación es el humor sarcástico y corrosivo que Bryce le imprimía a su prosa. El film, en cambio, opta por un tono más solemne y melancólico, reforzado por una voz en off a cargo de Salvador del Solar y una partitura musical que busca profundizar la tristeza de las escenas más trágicas.

Los niños Rodrigo Barba y Augusto Linares interpretan a Julius en edades distintas. Ambos capturan hasta cierto punto la inocencia y curiosidad del personaje por descubrir qué se esconde más allá de su entorno inmediato. El resto de niños actores logran resultados desiguales, recitando sus líneas sin demasiada convicción.

En cuanto a los adultos, Mayella Lloclla destaca en el papel de la nana Vilma, dotando de tal calidez y humanidad a su personaje que se convierte en el ancla emocional de la película. Fiorella de Ferrari está correcta como Susan, la elegante y etérea madre de Julius, mientras que el español Nacho Fresneda chirría en el rol del padrastro Juan Lucas, personificando una caricatura plana y sin matices.

Un mundo para Julius es una adaptación pulcra que, a pesar de las evidentes restricciones de presupuesto, se esmera en recrear las contradicciones de la aristocracia limeña de los años 50 y en denunciar los efectos devastadores del machismo tóxico, el clasismo y el racismo, desde la mirada de un niño que pierde progresivamente la inocencia.

Aunque el contraste de diferencias sociales recorre como hilo conductor el despertar de Julius, un plano aéreo final subraya ese mensaje con resaltador para mostrar que nada ha cambiado en Lima en los últimos 70 años. Es un cierre que pretende dejar una moraleja nada sutil y que, aunque parte de buenas intenciones, se siente forzado e innecesario, pues reitera lo que el relato previo ya expresó antes en palabras e imágenes.