Mi primera experiencia memorable de 2021 tuvo lugar en enero por Netflix con la miniserie de Martin Scorsese “Supongamos que Nueva York es una ciudad”, una auténtica guía histórica y cultural sobre la mítica ciudad a través de una de sus residentes más duraderas y fascinantes, Fran Lebowitz. A través de la plataforma española Filmin también pude apreciar un pendiente de 2020: el documental “Palabras para un fin del mundo”, que gira en torno a la muerte del filósofo Miguel de Unamuno en el contexto de la guerra civil española. Mi fan de Marvel interior también agradeció por el subidón friki que representó la miniserie “WandaVision” (Disney+), especialmente durante mi segundo encierro por pandemia.

En febrero descubrí la exuberante miniserie de Russel T. Davies “It’s a Sin” sobre esa otra pandemia mundial de los años 80 que ya adelantaba que el peor mal no radica en los virus sino en los corazones humanos. Por estas fechas tuve cero expectativas sobre lo que me podía ofrecer Apple TV+ y salí maravillado con el largometraje animado irlandés “WolfWalkers” (injusto perdedor de Oscar) y el documental gringo “Billie Eilish: The World’s a Little Blurry”. Más que un proyecto promocional de la enésima estrella del pop, el de  R.J. Cutler ofrece una mirada incisiva a las luces y sombras que acompañan a los flamantes adultos de la generación Z.

Hacia finales de abril, gracias a la versión online del D’A Film Festival de Barcelona, disfruté de “Cineclub”, jocoso y autoreferencial debut de Mireia Schröder y Carles Gorres. Este sería el primero de dos inesperados híbridos cinematográficos, el segundo siendo Bo Burnhan: Inside” (Netflix), el especial de comedia confinado convertido en alucinante cancionero audiovisual. En mayo la miniserie “Halston” (Netflix), protagonizada por un formidable Ewan McGregor, me cautivó pese a no saber nada sobre el diseñador en cuestión. Por estas fechas también fui testigo de una cinta estremecedora de 2020 (y posiblemente la mejor de aquel año): “El padre” de Florian Zeller, protagonizada por la extraordinaria dupla Hopkins-Colman. 

Junio significó la reapertura de los cines en buena parte de Europa pero no parecía que había ningún blockbuster que estuviera a la altura de tan ansiado reencuentro. En mi caso esto recién tendría sentido con “Annette”, demencial musical de Leos Carax en colaboración con la banda Sparks y protagonizada por la extraña pareja transatlántica compuesta por Adam Driver y Marion Cotillard. Sin ser fan del género musical, considero este título como mi cúspide audiovisual de 2021. El documentalSummer of Soul” (Star+) hizo honor a su título y me transportó al Harlem del 69, manteniéndome conectado al espectro musical. Más tarde encontraría varias de mis favoritas del año gracias al festival online Atlántida de Filmin: el documental reivindicativo “The Most Beautiful Boy in the World”, el drama escolar turco “Okul Tıraşı”, y el drama británico delirante “Mogul Mowgli”, esta última de 2020.

Mi agónica espera por “The Green Knight” de David Lowery fue gratamente recompensada a fines de setiembre. Mes y medio después de este mito medieval británico, y pese a tener suficiente con los dramas de la familia real, Pablo Larraín me convenció con “Spencer” que Diana de Gales merecía una encarnación más cercana a la fantasía que al realismo. Por el contrario, la aproximación documental de The Beatles: Get Back” (Disney+), la miniserie de Peter Jackson, fue necesaria para pintar de cuerpo entero a los cuatro de Liverpool. Fue sin duda mucho más que un proyecto para melómanos sexagenarios. Y aunque ya dije que no soy fan del género musical, me gustaría destacar el debut cinematográfico de Lin-Manuel, “tick, tick…BOOM!” (Netflix), por realzar la vida de un soñador de carne y hueso como lo fue el joven dramaturgo Jonathan Larson.  

Termino el año agradeciendo poder haber visto casi con las justas en la gran pantalla dos grandes películas: la excesivamente creativa “La crónica francesa” de Wes Anderson y la bellamente honesta “Madres paralelas” de Pedro Almodóvar. El último título memorable al cierre de este texto se la dejo a Fue la mano de Dios” (Netflix) de Paolo Sorrentino que, cuál acto divino, convirtió una sesión televisiva doméstica en una experiencia digna de anfiteatro de festival. Espero que en 2022 la pandemia, la tecnología y las asociaciones conformistas de exhibidores no acaben con la verdadera experiencia cinematográfica. Que si volvemos a un enésimo confinamiento nos coja bien vacunados, con una conexión de internet solvente y con suficientes subscripciones de streaming. Y que si piratean, por favor, compartan los enlaces.