El trayecto del Ferrocarril central del Perú coincide con los trayectos de distintos ciudadanos de a pie, quienes habitan por las orillas de esa importante vía férrea. Es a propósito de este cruce de historias que se reaviva una tradicional paradoja asociada a la realidad del país. Por un lado, el documental de Manuel Bauer descubre la imponencia de uno de los mayores medios de transporte de minerales en todo el continente americano. Su curso es además un tour a varias de las zonas mineras más activas y fructíferas de la nación que tiene como punto final el puerto del Callao o desemboque a una de las zonas marítimas más ricas del Océano Pacífico. Es decir; esa sola travesía define, en teoría, a un Estado privilegiado. Por otro lado, Vida férrea (2022) es también un recojo a un grupo de testimonios sociales que delatan una cadena de carencias y desigualdades latentes y permanentes en distintas zonas del país por donde navega el gran titán férreo. Este documental es pues una radiografía al Perú, un muestrario de falacias que desengañan la naturaleza de una maquinaria que supuestamente mueve al país. Las paradas que propone Bauer, a medida que va acumulando antecedentes negativos, van rememorando la frase acuñada por el maestro botánico Antonio Raymondi: “El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”.

Ahora, ciertamente, si bien este define un rostro crítico de la nación, se descubre, además, otro perfil de ese mismo rostro que revela una cotidianidad esperanzadora. Vida férrea expresa una paradoja adicional. Si bien varios de los alegatos o la sola rutina de estos ciudadanos convocados proyectan una marea de angustias, inequidades y abandonos, son esas mismas voces o modos de vida los que manifiestan una resistencia ante la adversidad. Bauer, a una maligna y vieja tradición, adjunta una curativa y más reciente. Estos personajes que de alguna forma poseen un vínculo con el ferrocarril en mención, en lugar de presentarse como damnificados de una industria que ha contaminado, enfermado o empobrecido, se exhiben como sobrevivientes dispuestos a generar su propio impacto positivo. Vida férrea, si bien es la crónica a una crisis que se extiende en distintos rincones del Perú, ella en ningún momento pretende puerilizar ese escenario. Se habla sobre riquezas que migran al exterior, minas que llenan de plomo a los ciudadanos, las consecuencias de la informalidad, además de otras vergüenzas, sin gestionar un material amarillista. La película de Manuel Bauer se compromete en su lugar en ceder una palestra a los buenos elementos que comúnmente son invisibilizados por los coordinadores de una nación colonizada por una mentalidad que apuesta por la inversión que genera una subvención no equitativa.