¿Qué podemos decir de Adam Sandler que no se haya dicho antes? Seguramente repudiado por los más puristas de la industria cinematográfica, el actor neoyorquino se ha ganado un nombre en Hollywood por protagonizar comedias generalmente vapuleadas por la crítica que, al fin y al cabo, cumplían el objetivo de entretener. No pretendo ensayar una defensa al trabajo del también protagonista de Golpe bajo (Peter Segal, 2005) pues, sinceramente, algunos títulos en los que ha trabajado podrían estar cerca de ser considerados como crímenes de guerra –Son como niños 2 (2013), Zapatero a tus zapatos (2014) y alguna otra de sus cintas seguramente están en mi ranking de lo peor de la historia del cine- pero debemos ser conscientes de la llegada comercial que tuvo Sandler con este tipo de películas y que ello de ninguna manera menoscaba la capacidad interpretativa que ha demostrado en más de una ocasión, pues me causa cierta sorpresa cuando escucho a gran parte del público mencionar que Diamantes en bruto (Los hermanos Safdie, 2019) es el único largometraje en el que sorprende con un papel diferente, cuando antes ya lo hemos visto en roles que le permitieron mostrar un registro distinto como en Embriagado de amor (Paul Thomas Anderson, 2002), Los Meyerowitz: la familia no se elige (Noah Baumbach, 2017) o incluso en Click: Perdiendo el control (Frank Coraci, 2006).

Pero, en todo caso y por si acaso al espectador se le haya olvidado, Adam Sandler ha vuelto como protagonista de Garra (Hustle, en su idioma original), producción que forma parte del acuerdo comercial exclusivo entre el actor y Netflix, dirigida por Jeremiah Zagar (We The Animals). La película es una comedia dramática deportiva que narra la historia de un cazatalentos de los Philadelphia 76ers, el equipo de la NBA de la ciudad de Rocky Balboa, por lo que el ambiente deportivo se da por descontado por varios motivos. De hecho, uno de estos es que hay una clara referencia a la saga del personaje de Sylvester Stallone en una determinada secuencia. Pero, además de ello, la cinta es un regalo para los aficionados del baloncesto ya que disfrutamos de una oleada de cameos de jugadores profesionales y leyendas del deporte de la canasta. De hecho, es Juancho Hernangómez, jugador de Utah Jazz y campeón mundial con la selección de España, en quien recae el papel de Bo Cruz, un trabajador de construcción mallorquín que es descubierto por Stanley Sugerman (Adam Sandler) cuando este necesita encontrar al siguiente gran jugador de la plantilla para poder ascender al puesto de asistente técnico y dejar los constantes viajes que lo mantienen fuera de su hogar, como le promete Vince Merrick (Ben Foster), el engreído dueño de la franquicia deportiva.

El guion, escrito por Taylor Materne y Will Fetters, explora muchos lugares comunes que conocemos de cualquier largometraje que narra alguna hazaña del deporte presentada como historia de inspiración. Sin embargo, en Garra sucede lo mismo que tuvimos con la recordada Un sueño posible (John Lee Hancock, 2009), pues lo más importante es el viaje y la superación de las dificultades que los protagonistas enfrentan, así como el hecho de sobreponerse a su origen complicado que convierte a la superestrella potencial en alguien más vulnerable de lo necesario para triunfar en las grandes ligas. De esta manera, si bien no vamos a encontrar en el libreto un componente que nos modifique la previsibilidad que suponemos, es sencillo dejarse llevar por la emotividad de la historia, en la que no faltan murallas que parecen infranqueables para alcanzar el éxito, pero que son bien resueltas tanto en el propio relato como en la puesta en escena, salvo por alguno que otro exceso con estos típicos montajes en los que vemos el entrenamiento del deportista.

Más allá de eso, la mayor parte del tiempo las secuencias están muy bien plasmadas, como en los continuos viajes de Sugerman en los que también es el montaje quien sabe transmitir el hastío que sufre el cazatalentos por una vida entera lejos de su familia, aunque es, desde luego, el propio Sandler el que construye su personaje con la vibra de “super estrella que no llegó a ser” que ya le conocemos, sin olvidar su carisma para la comedia, aunque esta vez un poco más contenido por un aura agridulce. Sin embargo, por encima de su gran performance está el mérito de haber logrado una excelente conexión con el personaje de Hernangómez -recordemos que es jugador profesional, no actor- reconociendo que Adam Sandler es quien debía guiar en pantalla el ritmo que cada escena debía tener y, en ese sentido, Garra recorre gran parte de su relato como una buddy movie bien ejecutada.

No podría decir que este es el gran estreno de Netflix del año, pero dentro de las películas que siguen una temática similar, Garra es de las que pueden representar la mejor cara de estas, logrando contar con solvencia una historia a la que no le faltan momentos emotivos que realmente inspiran a uno a perseguir sus sueños (aunque sabemos que hace falta más que ello para superarse, por supuesto). Aún con la realización hecha a la vieja usanza, la cinta regala la aparición de Doc Rivers, Dirk Nowitzki y Shaquille O’Neal, entre otros, como valor agregado a una película que de todas formas funcionaría de manera acertada sin estos easter eggs, pues encuentra en Adam Sandler su mayor activo para transmitir lo que se plantea como objetivo.