Los realizadores Stephanie Boyd y Fabricio Deza nos cuentan sobre un nuevo emprendimiento desde Cusco: se trata de Asociación Quisca, un proyecto que ofrece servicios para subtitulado y closed caption para productos audiovisuales. Para conocer más sobre esta novedosa iniciativa nos envían este artículo preparado por Bárbara Fraser, investigadora especialista en traducción. Lo reproducimos a continuación:

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La clave de la inclusión: cómo los subtítulos pueden ampliar la audiencia de una película

Al ver una película, es fácil dar por sentada la banda sonora. ¿Pero qué pasa si estás en un lugar ruidoso?, ¿o si estás en un lugar muy silencioso, mirando por el teléfono, pero has olvidado los auriculares?, ¿o si los personajes hablan un idioma que no entiendes? 

¿Y si eres sordo o tienes dificultades auditivas?

En esas situaciones, los subtítulos pueden marcar la diferencia entre la frustración y el disfrute. Cada vez son más los festivales que exigen subtítulos, sobre todo para las personas con dificultades auditivas. En esa línea, la Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios (DAFO) de Perú, en sus convenios de estímulos económicos, exige actualmente que los ganadores incluyan en sus obras subtítulos para personas con dificultades auditivas, los cuales son conocidos como subtítulos descriptivos.

Así, los subtítulos no solo hacen que una película sea más competitiva, sino que también contribuyen a poder ampliar su alcance, haciéndola accesible y disfrutable a un público más diverso.

Sobre este punto, Maarten van Gageldonk del Festival de Animación Kaboom en Ámsterdam manifiesta: “En los últimos años, la industria se ha vuelto mucho más inclusiva en muchos aspectos, y la gente se ha vuelto mucho más sensible a que se excluya a ciertas personas de una proyección”. 

Partiendo de ello, se puede afirmar que los subtítulos son la clave de esa inclusión. Pero con los distintos tipos disponibles, ¿cuáles son los adecuados para una película?

Los subtítulos simples son una transcripción directa de la narración y el diálogo de la película en el idioma original. Estos suelen aparecer en texto blanco en la parte inferior de la pantalla. 

Al respecto, existen algunas directrices generales: una línea de texto no debe superar los cuarenta y dos caracteres; si lo hace, el subtítulo se divide en dos líneas, siendo la segunda más larga que la primera. Es importante dividir las líneas en un punto de ruptura lógico, por ejemplo: después de una coma o antes de una preposición, y no entre un sustantivo y un adjetivo o entre un nombre y un apellido.

Malú Cabellos Damián, realizadora en Guarango Cine y Video.

Por otro lado, los subtítulos interlingüísticos traducen la narración y el diálogo a otro idioma, lo que permite proyectar las películas en otras regiones del mundo. La directora Malú Cabellos de Guarango Cine y Video, los ha utilizado en películas que se proyectan en Estados Unidos, Canadá y Europa.

En ese entender, considera que añadir subtítulos interlingüísticos solía ser más complicado. “Pero ahora la tecnología hace que tengas diferentes opciones para colocar los subtítulos”, dice Cabellos, subrayando que gracias a esos avances, casi cualquiera puede subtitular una película.

Hoy por hoy, traducir se ha convertido un arte en sí mismo porque no solo implica elegir las palabras, sino también transmitir un tono; contratar a un traductor profesional familiarizado con los subtítulos puede ser más caro, pero a la larga compensa; y definitivamente los subtítulos más completos son los que permiten apreciar un film a las personas sordas o con dificultades auditivas. 

Sobre el tema, la directora y productora canadiense Stephanie Boyd de la Asociación Quisca con sede en Cusco, señala: “Mucha gente cree que el cine es solo un medio visual, pero no es así. El sonido es un elemento realmente importante de una película. Si te lo pierdes, te pierdes casi la mitad de lo que el director intenta transmitir”.

Los subtítulos para este público se llamaban originalmente closed caption. Aparecían en forma de letras blancas sobre un fondo negro, a menudo escritos en tiempo real; consistían en una codificación y un texto que requerían un aparato especial para decodificarlos. 

Con los nuevos formatos de vídeo, este tipo de subtitulado se sustituyó por los subtítulos para sordos, conocidos como SDH en inglés, o SPS en castellano. Se componen de píxeles como los demás subtítulos y aparecen como texto en la parte inferior de la pantalla. Ya no se necesita un aparato especial y en el globo del televisor o del ordenador, los espectadores pueden optar por activar o desactivar los subtítulos.

A medida que el campo ha ido evolucionando, el SDH pasó a denominarse subtitulado descriptivo. Esta denominación subraya la naturaleza especial de los subtítulos y, no solo incluyen el texto de la narración y el diálogo, sino también palabras entre corchetes que describen la banda sonora, pues reflejan el tono y transmiten emociones.

Stephanie Boyd, realizadora en Asociación Quisca.

Pero continuando con Stephanie Boyd, desde su perspectiva como directora que sufre de una discapacidad auditiva severa, nos revela que ha adquirido una mayor comprensión y aprecio por los subtítulos descriptivos a partir de su propia experiencia.

“Quiero que la gente entienda la película. No me importa si entienden todos los sonidos, pero quiero que puedan entender el tramo de la película, el tono de la película, la esencia de la película. Por eso considero tan importantes los subtítulos descriptivos”, expresa la directora canadiense.

Según las directrices elaboradas por el Programa de Medios Descritos y Subtitulados de Estados Unidos, los subtítulos descriptivos deben ofrecer una transcripción precisa de la narración y el diálogo, sincronizados con el audio. La claridad adicional proviene de la información proporcionada entre corchetes, incluida la identificación de los personajes que hablan, esto si no queda claro en la imagen e información sobre los sonidos.

Otra capa de complejidad se añade cuando el subtítulo descriptivo es también una traducción, ya que encontrar la palabra precisa para describir un sonido supone un reto adicional para el traductor.

Para Van Gageldonk de Kaboom, los festivales cinematográficos son espacios donde se utilizan cada vez más los subtítulos y esto se torna especialmente fácil cuando tales eventos están en línea y la gente puede elegir verlos o no. 

A su turno, Daisy Crooke, responsable de eventos y comunidades de Take One Film Festivals en Escocia, apunta: “Lo principal es que sea una experiencia cinematográfica inclusiva y que las personas sordas o con dificultades auditivas puedan disfrutar de las películas que proyectamos”. 

Sin embargo, resalta que los subtítulos y subtítulos descriptivos son cada vez más utilizados incluso por el público que no tiene dificultades auditivas, en la medida que va en aumento el número de personas que ven películas o trailers en dispositivos portátiles, a veces sin auriculares.

“Aparte de la inclusividad y el acceso para los sordos y personas con discapacidad, creo que cada vez se ve más como un valor añadido para todo el mundo”, añade Crooke.

Por todo lo expuesto, la Asociación Quisca viene desarrollando un servicio para colocar subtitulados al inglés y subtitulados descriptivos a películas peruanas, gracias al cofinanciamiento no reembolsable y al apoyo técnico del Programa ProInnóvate del Ministerio de la Producción.

Además, cabe indicar que el Ministerio de Cultura —que subvencionó 179 proyectos audiovisuales en 2020— comenzó a exigir a los cineastas que incluyeran subtítulos descriptivos desde hace unos años.

Fotograma de una película con subtítulo descriptivo (captura: Asociación Quisca)

Pero la accesibilidad no termina con los subtítulos descriptivos; ya en 2014, durante el 4° Festival de Cine de Derechos Humanos en Perú, el Grupo Chaski presentó una versión de su clásico “Juliana” no solo con subtítulos descriptivos para los espectadores con discapacidad auditiva, sino también con audiodescripción para el público invidente.

La directora y productora peruana Ana Caridad Sánchez se enteró de esa accesibilidad adicional cuando “Estado de miedo” (2005), documental de Pamela Yates en el que Sánchez era la productora, se proyectó en Brasilia para un público que incluía no solo espectadores sordos, sino también personas invidentes.

«Pensé: “¿Qué van a ver y qué van a oír? Es una locura”», recuerda la directora peruana. Pero los subtítulos descriptivos para los espectadores con dificultades auditivas, combinados con una voz en off que describía lo que ocurría en la pantalla para las personas invidentes, hicieron que su documental fuera accesible para todos.

“A partir de ahí, entendí la necesidad de que las películas pudieran tener esa opción”, finaliza Sánchez.

Para mas información sobre Quisca, pueden ver esta presentación en video: “Mejora el potencial de tu película: subtítulos para todos”.

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Sobre la autora del artículo: Bárbara Fraser es periodista y traductora al inglés. Nacida en EEUU, ha vivido 33 años en el Perú, especializándose en temas de medio ambiente, salud pública y pueblos indígenas. Es miembro de la Asociación de Prensa Extranjera del Perú y Sociedad de Periodistas Ambientales. Ha hecho el subtitulado de varios videos.

Disclosure: El editor de este artículo, Laslo Rojas, trabaja realizando subtítulos y traducciones para películas.